A días de las elecciones del 27 de octubre, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, coloca la seguridad nacional y los conflictos regionales en el centro de su estrategia electoral. Los comicios serán los primeros desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y los posteriores enfrentamientos regionales.
Con su imagen de garante de la seguridad fuertemente cuestionada tras el 7 de octubre, Netanyahu busca recuperar uno de los pilares históricos de su liderazgo: presentarse como el dirigente mejor preparado para enfrentar las amenazas externas.
En consonancia, Netanyahu aseguró que existen indicios de que los enemigos de Israel intentarán atacar al país antes de los comicios. Esta fue una declaración que generó preocupación en la oposición. Las advertencias se producen en un contexto de crecientes acusaciones de sectores opositores, que cuestionan si algunas de las decisiones militares del gobierno responden también a consideraciones políticas del premier.
Mientras tanto, el ministro de defensa y miembro del Likud, Israel Katz, advirtió que Hezbollah perderá territorios adicionales en el sur del Líbano si se suma a Irán en un ataque contra Israel. En los últimos meses, el titular de Defensa ha aludido a distintas amenazas externas, desde Turquía hasta un posible enfrentamiento militar con la Autoridad Nacional Palestina (ANP) en Cisjordania. Además, la campaña coincide con nuevas tensiones en Gaza y con Hezbollah en el norte del país.