A mediados de julio, Joe Biden realizó una gira por Israel y Arabia Saudita con una serie de objetivos: buscar que Riad aumente su producción petrolera para afrontar la escalada de precios internacionales, propiciar un mayor acercamiento entre Israel y sus vecinos, y reafirmar su compromiso con la región.
Sin embargo, a comienzos de su mandato, Biden se había mostrado crítico hacia el Príncipe saudí por su vinculación el asesinato del periodista disidente Jamal Khashoggi y las terribles consecuencias de su intervención en Yemen. En aquel entonces había prometido finalizar el apoyo a Riad y culminar la guerra en Yemen. Pero, la realidad golpeo sus planes: la guerra de Ucrania mostró que el Reino es clave para los mercados y muchos de sus aliados en la región habían desarrollado importantes vínculos con Rusia y no mostraron un alineamiento con Washington. Por esto, las criticas humanitarias quedaron en segundo plano. Aunque el conflicto yemení era uno de los temas de la agenda en la cumbre de Jiddah, ningún mandatario yemení fue invitado.
Desde 2015, el gobierno yemení junto a Arabia Saudita y una coalición de países árabes-sunitas se enfrenta a los huties, quienes tienen el apoyo de Irán. El conflicto se ha prolongado, convirtiéndose en una catástrofe humanitaria. El martes 2 de agosto vencerá el alto al fuego nacional y las partes deberán negociar una nueva prolongación. Al mismo tiempo, millones de jóvenes tendrían que retomar la actividad escolar, pero más de 2900 escuelas han sido destruidas o usadas como centros de reclutamiento, mientras que miles de docentes hace años que no cobran su salario. A su vez, niños y jóvenes se vieron obligados a trabajar o fueron reclutados para 2 combatir. Mientras que la geopolítica ignora nuevamente a Yemen, su futuro es cada vez más sombrío.