En marzo se cumplieron cuatro años desde que Arabia Saudita, junto con otros estados árabes, intervinieran militarmente en Yemen. Estados Unidos, Reino Unido y Francia han sido los grandes abastecedores de armamentos y logística a la coalición, pero ante las graves denuncias de violaciones al Derecho Internacional, surgieron sectores opositores a continuar estos vínculos. Este año, el Senado estadounidense aprobó dos veces el cese de la venta de armas hacia la monarquía. No obstante, haciéndose eco de la amenaza iraní en la región, el presidente Trump decidió vetarlas. De un modo similar, el Reino Unido intercedió ante Alemania para que ésta continuara vendiendo los repuestos para los aviones usados en territorio yemení.
En el orden regional, aunque Irán negó las acusaciones respecto de su apoyo a los rebeldes, estuvo envuelto en la mayor polémica del año cuando, en septiembre, alrededor de 10 drones atacaron las plantas petroleras de la compañía estatal saudí, Aramco. Pese a que los hutíes reconocieron su autoría, Riad y Washington apuntaron a Teherán como el culpable. Esto generó una tensión sin precedentes, al punto que el presidente de los Estados Unidos declaró que se encontraban listos para atacar a los persas.
A su vez, hubo discordias entre Riad y Abu Dabi por posiciones divergentes hacia la cuestión separatista sureña. Mientras que los sauditas permanecieron en su apoyo al
5 presidente Hadi, los emiratíes patrocinaron al Consejo de Transición del Sur. No obstante, ambos Estados están genuinamente interesados en mantener su alianza.
En otro orden de cuestiones, hubo pequeños avances hacia la paz, como los acuerdos respecto a la retirada del estratégico puerto de Hodeidah, la terminal petrolera de Ras Isa y el pequeño puerto de Salif. También los hutíes liberaron de manera unilateral alrededor de 300 prisioneros. Ambas medidas eran parte de lo establecido en los acuerdos de Estocolmo de hace un año, pero solo han sido temporales y paliativas.
El 2019 ha sido después de 2018 el segundo año mas sangriento del conflicto. Más de 20.000 personas han muerto, de las cuales 12.000 eran civiles, superando la cifra total de 100.000 muertos. Según la ONU, alrededor del 80% de la población, 24 millones de personas, necesitan asistencia humanitaria y protección y 10 millones están a solo un paso de la hambruna, de los cuales casi 240,000 de esas personas enfrentan niveles catastróficos de hambre. La cruel situación de la guerra y la desesperada condición de los civiles han encontrado, una vez más la indiferencia de la comunidad internacional y las potencias, las cuales han priorizado sus intereses geopolíticos y económicos.
LIC. AGUSTÍN DIP y JOEL FOYTH