Debido a los renovados enfrentamientos entre árabes e israelíes, la atención del mundo se ha dirigido nuevamente hacia Medio Oriente. En este contexto, la insípida respuesta de Joe Biden sembró dudas sobre la capacidad de Estados Unidos de llevar una política coherente y eficaz que logre estabilidad en la región. Pero, este no es el único conflicto donde los intentos estadounidenses se han truncado.
Cuando asumió su mandato, e presidente norteamericano afirmó que uno de sus objetivos sería finalizar la guerra en Yemen. Sin embargo, los pasos iniciales no han dado frutos. Tristemente, el silencio internacional sobre este conflicto que lleva más de seis años, es sorprendente.
Vez tras vez, todos los intentos diplomáticos han fracasado. A pesar que la ONU cambió tres veces su enviado, ninguno logró avances sustanciales. La llegada de Biden a la Casa Blanca prometía nuevos aires, pero el papel de Tim Lenderking, destinado especialmente para Yemen, parece seguir la senda de sus homólogos.
Aunque EEUU tiene capacidad de presión sobre el gobierno reconocido internacionalmente, no ha logrado influenciar a los rebeldes houties: los equipos de la ONU no fueron recibidos en Saná, y tampoco se hicieron presentes en las negociaciones en Omán. Uno de los grandes problemas, es que los rebeldes no creen en las intenciones de Washington, sino que lo ven como una potencia intervencionista que ha explotado para su beneficio el conflicto, siendo el baluarte del sostén saudí. 4 Actualmente, el foco de tensión está en Marib. Este es el último bastión controlado por el gobierno oficial, y lo houties han lanzado sucesivos ataques para lograr controlarlo. En esta provincia, que se había mantenido relativamente en paz, viven miles de desplazados que han huido de todas partes del país. Mientras los enfrentamientos continúan, la pobreza y la desesperación siguen aumentando a pasos agigantados.