IREMAI· GEMO
REPORTE
FRAME 01/14 · 14 de noviembre de 2025

Y MARTÍN TOLEDO El Cairo entre las potencias: equilibrio, deuda y diplomacia en tiempos de conflicto

Leer la pieza
Fotografía · IREMAI Derechos reservados
14 de noviembre de 2025 7 min Medio Oriente 1.565 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

Tras dos décadas de construcción y un costo estimado en más de mil millones de dólares, Egipto cierra el 2025 con la apertura del Gran Museo Egipcio. El museo es considerado como la instalación arqueológica más grande del mundo para una civilización, albergando antigüedades de las 30 dinastías del antiguo Egipto. Al igual que otros megaproyectos de infraestructura, como la Nueva Capital Administrativa, esta obra se erige como un instrumento simbólico de reafirmación nacional, el cual busca revalorizar un pasado glorioso y proyectarlo hacia el futuro como mecanismo de legitimación política y reconstrucción del estatus internacional del país.

En esta búsqueda y desde hace ya varios años, el régimen de Al-Sisi también busca vectorizar su poder nacional a través de su política exterior. En este ámbito, el escenario en Gaza representó una oportunidad para desplegarse como mediador del conflicto y posicionarse en la región como un actor relevante y de confianza. Frente al agravamiento de la crisis humanitaria y el genocidio sistemático que se desarrollaba en Gaza, el cuerpo diplomático egipcio –entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores, Badr Abdelatty, y el general de inteligencia Ahmed Abdel Khalek– participó activamente en instancias multilaterales emitiendo declaraciones públicas orientadas a promover un alto el fuego sostenible.

Más allá de la defensa histórica de la causa palestina y del valor político que esta representa para el liderazgo egipcio dentro del mundo árabe, la incidencia de El Cairo en el conflicto responde también a su condición geográfica: Egipto es el único país limítrofe, además de Israel, con la Franja de Gaza. Una de las principales preocupaciones del régimen fue evitar el desplazamiento forzado de la población palestina, una medida impulsada desde los inicios del conflicto por el primer ministro israelí. Tal política no solo constituye una violación del derecho internacional humanitario, sino que implicaría, en los hechos, la disolución de la causa palestina y la negación del derecho de un pueblo a permanecer en su tierra.

En ese sentido, Egipto respaldó la denuncia presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia, en la que se acusó a Israel de violar la Convención sobre el Genocidio en Gaza. Asimismo, llevó adelante gestos diplomáticos concretos que reafirmaron su posición de apoyo a Palestina, como la visita del primer ministro palestino a El Cairo durante el presente año, subrayando que la resolución del conflicto debía partir del reconocimiento de la soberanía palestina y de una paz justa y sostenible.

El mes pasado se anunció en Sharm el-Sheikh un acuerdo de cese al fuego mediado por Egipto. La primera fase, respaldada por Estados Unidos, incluyó la liberación de 20 rehenes israelíes y la excarcelación de 2.000 prisioneros palestinos, junto con una retirada limitada de tropas israelíes en el norte de Gaza. Sin embargo, los enfrentamientos se reanudaron pocos días después, mostrando la fragilidad del pacto y las dificultades para sostener un alto al fuego sin un marco político más amplio que aborde las causas del conflicto.

La segunda fase del plan, para lo cual todavía no hubo acuerdo, contempla la creación y el despliegue de una “Fuerza para la Estabilización de Gaza”. Se espera que esté integrada por tropas

de varios países del mundo árabe y va a tener por objeto principal mantener la seguridad en la Franja de Gaza. Al respecto, se espera que Egipto cumpla un rol importante dentro de dicha fuerza. Sin embargo, como parte de esta segunda etapa, además de la reconstrucción de Gaza, el plan estipula el desarme total de Hamas, algo que no pareciera ser asequible en un futuro próximo.

Por otro lado, a lo largo de 2025 se evidenció con mayor claridad una estrategia de autonomía estratégica por parte de Egipto, propia de los denominados swing states del sistema internacional contemporáneo (Ikenberry, 2024). Esta orientación se tradujo en una diplomacia flexible y pragmática, que alternó entre alianzas regionales –como con Irak e Irán y Qatar– y vínculos con potencias extrarregionales, entre ellas China y la Unión Europea.

El vínculo con China se profundizó en múltiples planos: desde la cooperación económica y financiera impulsada en el marco del BRICS y los acuerdos de desdolarización, hasta la cooperación militar bilateral expresada en los ejercicios conjuntos “Águila de la Civilización 2025”. Estas acciones reflejan la voluntad de El Cairo de diversificar sus socios estratégicos y reducir su dependencia de Washington, sin renunciar al apoyo económico y militar estadounidense.

Simultáneamente, el estrechamiento de la relación con la Unión Europea, consolidado en la primera Cumbre UE-Egipto celebrada en Bruselas, posicionó a Egipto como un socio clave para Europa en materia de seguridad energética, migración y estabilidad regional. La asociación estratégica, acompañada de un paquete de financiamiento de 7.400 millones de euros, confirma la relevancia geo-económica del país en la interfaz entre el Mediterráneo y Medio Oriente.

A propósito del sector energético, Egipto es el tercer productor de gas del continente africano y concentra la mayor parte de sus reservas en el Mediterráneo Oriental. En los últimos años, el país ha desplegado una activa diplomacia energética, concebida como el uso de la política exterior para asegurar acceso, flanquear inversiones y proyectar influencia mediante recursos estratégicos (Goldthau, 2010), a través de iniciativas como el Foro del Gas del Mediterráneo Oriental (EMGF), los acuerdos para suministrar gas a Siria y el Líbano o los avances en torno al desarrollo de un yacimiento en aguas de Gaza. Esta utilización del gas como vector de inserción externa puede interpretarse, además, como una estrategia de diplomacia de nicho, en tanto Egipto busca capitalizar capacidades específicas en un área temática para ampliar su margen de maniobra regional (Priya & Quamar, 2025).

En este marco, Egipto reforzó su relación con Irak bajo la Cumbre Árabe llevada a cabo este año, en la que ambos países buscaron consolidar una agenda común orientada a la estabilidad regional y la cooperación energética. Paralelamente, se avanzó en un proceso de acercamiento con Irán tras más de cuatro décadas de ruptura diplomática, manteniendo reuniones de alto nivel que apuntan a normalizar el vínculo y reducir tensiones en un contexto de creciente rivalidad por el poder en la región. Estos movimientos evidencian la estrategia egipcia de equilibrar sus relaciones regionales y ampliar su margen de maniobra frente a las potencias externas.

Sin embargo, esta nación tan implicada con el liderazgo regional no estuvo exenta de las repercusiones derivadas de la escalada de tensiones entre Irán e Israel. La interrupción parcial de las exportaciones de gas israelí –que abastecen cerca del 20 % del consumo egipcio– obligó a El Cairo a activar un plan de emergencia energética para evitar desabastecimientos y tensiones sociales internas. En paralelo, Egipto reafirmó su papel mediador al liderar una declaración conjunta de 21 países que condenó los ataques israelíes y reclamó la creación de una Zona Libre de Armas Nucleares en Medio Oriente, insistiendo en la vía diplomática como único camino hacia la estabilidad regional.

En el plano económico, Egipto enfrentó crecientes presiones derivadas de su endeudamiento externo y de la vulnerabilidad de su balanza de pagos, desafíos que se sumaron a los problemas de seguridad alimentaria y dependencia de las importaciones, profundizando así las tensiones sociales y fiscales del país. Si bien la deuda externa egipcia era significativa para el año 2019, situaciones como la pandemia y la guerra en Ucrania profundizaron la crisis, convirtiendo al país en el segundo mayor deudor del FMI, sólo por detrás de la Argentina. Desde la llegada de Al- Sisi al poder en 2014 hasta diciembre de 2024, la deuda externa egipcia pasó de 46,1 a 168 mil millones de dólares (Kaldas, 2024), alcanzando el 39,9 % del PBI.

Como explica Shama (2025), El Cairo ha sabido capitalizar su peso geoestratégico para sostener la asistencia financiera internacional y evitar un colapso económico, bajo la lógica de que Egipto es too big to fail. Sin embargo, la reiteración de crisis –ocho desde 1956– y la creciente frecuencia de los rescates alimentan la percepción de que el país podría volverse too big to bail, es decir, demasiado grande para ser rescatado sin costos o condicionamientos cada vez más severos.

Por otro lado, en materia de seguridad alimentaria Egipto atraviesa una etapa crítica, resultado de la combinación entre vulnerabilidad estructural, endeudamiento creciente y dependencia externa. La deuda externa, ya elevada antes de 2019, se disparó tras la pandemia y la guerra en Ucrania, afectando la capacidad estatal para sostener políticas públicas y subsidios esenciales (Kaldas, 2024). La interrupción de las exportaciones de trigo desde Rusia y Ucrania, que representaban más del 70 % del total importado, evidenció la fragilidad de un modelo basado en importaciones concentradas y subsidios masivos. A ello se sumaron la depreciación de la libra egipcia y la inflación alimentaria, que intensificaron la presión social y fiscal en un contexto de escasez de divisas (FAO, 2024; IFPRI, 2024).

Actualmente, el gobierno intenta aliviar las tensiones mediante la diversificación de proveedores, acuerdos con el FMI y mayor cooperación con el Golfo. Aunque esto trajo algo de estabilidad, la sostenibilidad sigue en duda por el endeudamiento y el contexto internacional. El desafío será avanzar hacia una seguridad alimentaria más resiliente, apoyada en capacidades locales y cooperación regional.

En suma, en 2025 Egipto se consolidó como un actor importante en Medio Oriente, capaz de proyectar estabilidad pese al entorno convulsionado. Sin embargo, este rol externo contrasta con la fragilidad interna derivada de la deuda y la dependencia energética y alimentaria. La política

Fuentes

thenationalnews.com turkiyetoday.com newarab.com

#Medio Oriente