A poco de cumplirse el primer mes de la guerra entre EEUU e Israel contra Irán, y mientras Israel y EEUU bombardean territorio iraní, Irán dirigió sus ataques con misiles y drones hacia bases estadounidenses en países del Golfo. También lo hizo hacia instalaciones estratégicas como puertos, refinerías y centrales energéticas, e incluso a buques de guerra, como el portaaviones Abraham Lincoln, que debió retirarse de la zona de conflicto, según confirmó Trump el 24 de marzo. A pesar de que el presidente estadounidense informe públicamente la existencia de negociaciones con Irán, a través de Pakistán como mediador, las autoridades del país persa han negado insistentemente su voluntad de negociar con los norteamericanos. Entre otros aspectos, la experiencia previa de ataques contra Irán durante el transcurso de negociaciones, como lo fue el mismo inicio de la presente guerra, revela una desconfianza persistente. Tanto EEUU como Irán han hecho públicas sus demandas maximalistas para detener la guerra, pero las diferencias son abismales.
En este contexto, durante una llamada telefónica, el ministro de Asuntos Exteriores de China Wang Yi comunicó a su contraparte iraní, el canciller Abbas Araghchi, la necesidad que ambos países entablen diálogo y conversaciones para poner fin a la guerra. China ejerce presión diplomática pública contra su aliado, en un momento en que la posición iraní aparece fortalecida frente a la imposibilidad de EEUU e Israel de reabrir por la fuerza el estrecho marítimo. Sin embargo, la economía iraní se encuentra ante una vulnerabilidad más profunda que las sanciones internacionales y el impacto de la guerra en su territorio. La dependencia económica respecto de China le otorga a los dichos del ministro una dimensión ineludible. En tanto, la respuesta iraní acentuó la necesidad de que se garantice una paz duradera, no un alto al fuego temporario.
Desde el inicio de la guerra, la estrategia defensiva iraní de llevar la escalada bélica hacia la región y ejercer su dominio sobre el estrecho de Ormuz, derivó en una inmediata disrupción del transporte marítimo, deteniendo y atacando buques pertenecientes a aquellos países hostiles a Irán. En consecuencia, los precios globales se han incrementado abruptamente, principalmente los precios del petróleo y gas, pero también de derivados y otros sectores dependientes. Si bien ha diversificado sus proveedores, profundizando la interdependencia con Rusia, China depende de la importación de commodities energéticas y bienes primarios, así como de la exportación de bienes industriales. El mercado del golfo Pérsico, uno de los centros comerciales y logísticos más importantes del mundo, es donde China ha desplegado inversiones millonarias en empresas tecnológicas, infraestructura y acuerdos de cooperación bilaterales. China demuestra estar profundamente preocupada por la continua escalada, la posibilidad de una guerra que se extienda en el tiempo y el futuro impacto de ésta sobre la volatilidad de los precios y los mercados globales.