El pasado domingo 18 de octubre concluyó el embargo de armas que pesaba sobre Irán desde hacía 13 años. El levantamiento del mismo se realizó de acuerdo a lo dispuesto por la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSONU) que refrenda el Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC), conocido también como el Acuerdo Nuclear. A partir de ahora, Irán se encuentra legalmente posibilitado para adquirir material bélico convencional, así también como para exportar su producción de armamentos.
En Twitter, el ministro de relaciones exteriores, Javad Zarif, señaló que este evento representaba un día trascendental para la comunidad internacional y que “la normalización de la cooperación defensiva de Irán con el mundo es una victoria para la causa del multilateralismo y la paz y seguridad en [la] región”. El ministerio al frente del cual se encuentra J. Zarif indicaba en un comunicado que “la República Islámica de Irán podrá procurarse cualquier equipamiento y armas que estime apropiadas de cualquier fuente sin ninguna restricción legal y basado en sus necesidades defensivas”, y que, asimismo, podrá “exportar armamentos defensivos basado en sus propias políticas”.
Irán celebró el levantamiento del embargo como un triunfo frente a Estados Unidos (EE.UU.) quien se retiró del PIAC en mayo de 2018 y que buscó infructuosamente extender la restricción de Irán al 5 acceso de armamentos en agosto y en septiembre, cuando quiso reimponer las sanciones de Naciones Unidas.
Si bien las arcas de Teherán están mermadas por la continuidad de las sanciones económicas, es previsible que la República Islámica adquiera sistemas de armamentos y equipamiento para modernizar sus Fuerzas Armadas.