Durante el 2023 Turquía ha experimentado una serie de eventos transformadores que han sacudido sus fundamentos políticos, económicos y diplomáticos. En los primeros meses del año, un devastador terremoto, una profunda crisis económica y elecciones cruciales delineaban un panorama desafiante en el ámbito interno del país. Simultáneamente, sucesos internacionales como la persistencia del conflicto en Ucrania, la reanudación de la guerra en Nagorno-Karabaj y un nuevo episodio en el conflicto entre palestinos e israelíes, añadían mayor complejidad a la realidad y a la diplomacia turca. A pesar de esto, el perfil prominente y la búsqueda continua de autonomía estratégica siguen siendo las dos características distintivas de la política exterior del gobierno de Recep Tayyip Erdoğan.
Un panorama interno complejo
Las elecciones de 2023 habían adquirido una importancia adicional para Turquía debido a su sincronización con el centenario de la fundación de la República. El legado del fundador del país, Mustafa Kemal Atatürk, está arraigado en la historia del Partido Popular Republicano (CHP), que gobernó durante 27 años en un sistema mayormente unipartidista. En esta línea, los candidatos Erdoğan y Kılıçdaroğlu apelaron al sentimiento nacionalista en sus campañas electorales, buscando asegurar el voto de los bastiones conservadores que siguen siendo mayoría en el país y fuerza determinante en el curso político.
La victoria de Erdogan extendió su gobierno a una tercera década, a pesar de las crecientes quejas contra sus políticas económicas; la inacción y acusaciones de corrupción en torno al terremoto de 7,8 grados de magnitud que afectó territorio turco y sirio arrojando un saldo aproximado de 48 mil personas fallecidas; y la disminución de las libertades democráticas de la oposición. De acuerdo a éstos, la elección fue desarrollada en condiciones desiguales, dado que Erdoğan mantiene un control elevado sobre los medios de comunicación, además de haber implicado los recursos del gobierno en su campaña electoral.
Con todo, una de las razones que explican la nueva victoria electoral del AKP hay que encontrarla en la solución, aunque momentánea, al problema inflacionario que atraviesa el país. Previo al comienzo de su nuevo mandato, Erdogan inició una serie de acciones más ortodoxas para contrarrestar la inflación, que había superado el 40% y en ciertos momentos alcanzado picos del 80%. Se designó a Hafize Gaye Erkan, una exbanquera de Goldman Sachs, como presidenta del Banco Central, y a Mehmet Simsek, exmiembro empresarial del grupo Merrill Lynch y exministro de Economía, como ministro de Finanzas. Entre sus primeras medidas se encontró el aumento de las tasas de interés al 40%, su nivel más alto en casi veinte años. Esto último incluso contra la responsabilidad expresada por Erdogan de no aumentarlas debido a su compromiso con la ley islámica.
El pragmatismo político es sin lugar a dudas la faceta a la que el presidente turco ha apelado en mayor medida para el logro de sus objetivos. Erdogan ha debilitado a la oposición retratando a sus líderes como personas sin fuerza y poco competentes, aunque un argumento en particular resultó
ser especialmente efectivo: acusaciones de su supuesta tolerancia hacia el terrorismo. El presidente ha repetido esta afirmación a los votantes, basándose en el apoyo que la oposición ha recibido del principal partido kurdo de Turquía, el PKK. El gobierno frecuentemente acusa a este partido de colaborar con militantes de la minoría kurda del país, quienes han estado en conflicto con el Estado turco por décadas en busca de autonomía. Esto explica la alianza entre el conservador AKP y el ultranacionalista Partido de Acción Nacionalista (MHP) que ha resultado exitosa electoralmente al atraer tanto a conservadores como a una porción significativa del voto nacionalista y pro islámico. Aunque algunos votantes religiosos no se mostraban completamente satisfechos con el desempeño de Erdogan y su Partido Justicia y Desarrollo, el presidente ha sabido utilizar el discurso islamista para atraerlos hacia su bastión de votantes.
Entre las potencias y la vuelta a Medio Oriente
Los asuntos internacionales de Turquía estuvieron marcados por su presencia en conflictos y situaciones regionales de importancia. En el segundo año de guerra en Ucrania, el gobierno turco buscó activamente desempeñar el rol de mediador entre las partes involucradas en el conflicto, y de esa forma aprovechar las buenas relaciones que mantiene tanto con Occidente como con Rusia. Aunque sus esfuerzos no lograron cambios significativos, la Iniciativa de Granos del Mar Negro, una propuesta promovida por Turquía, garantizó un corredor seguro para el transporte de granos provenientes de Ucrania durante varios meses. Si bien luego tal acuerdo fue suspendido por Rusia, Turquía demostró que puede sentarse en la mesa de las potencias a generar soluciones coherentes.
En este año en particular, la relación bilateral entre Rusia y Turquía aumentó notablemente por sus acuerdos en diversos ámbitos, desde acciones militares conjuntas en territorio sirio hasta la cooperación en energía, turismo y defensa. Este vínculo estratégico se vio reflejado en el incremento del comercio bilateral, que alcanzó los $69 mil millones en 2023, con un objetivo de $100 mil millones establecido para 2024 durante la reunión en Sochi entre Erdogan y Putin. Además, se discutieron avances en la construcción de centrales nucleares en Turquía, como la planta en Akkuyu y la posibilidad de una en Sinop.
En línea con lo anterior, el presidente turco protagonizó una serie de encuentros internacionales significativos. Durante la reunión con Zelensky en junio de este año, abogó por su ingreso como miembro pleno de la OTAN y expresó el compromiso de Turquía para reconstruir Ucrania. Esto fue un guiño de Turquía hacia Estados Unidos, cuyas relaciones mutuas fueron frías durante todo el año y parecen mejorar recién en este mes de noviembre, con la visita de Anthony Blinken a Ankara para negociar un acuerdo militar que incluya la compra de Turquía de cazas F-16.
Mucho se habló de la postura de Turquía en el nuevo conflicto entre Israel y Palestina desde el 7 de octubre. En un principio Ankara presentó un discurso moderado y de equidistancias, sin comprometerse demasiado, para luego pasar a una posición más enérgica y abiertamente pro palestina, con el presidente turco convocando a un mitín donde condenó abiertamente las acciones de Israel. A pesar de este tono en sus declaraciones, Turquía optó por no tomar medidas punitivas contra Israel, salvando la retirada de su personal diplomático luego de haberse cumplido un año de haber normalizado relaciones diplomáticas plenas.
Turquía ha sabido canalizar el descontento de la opinión pública internacional sobre la respuesta israelí en un discurso influenciado por los valores del islam. Ankara ha apoyado regionalmente a los islamistas árabes durante más de una década y existen fuertes vínculos entre Turquía y movimientos como Hamás y los Hermanos Musulmanes. La presencia de Erdoğan en la Cumbre Islámica Árabe Conjunta Extraordinaria auspiciada por Arabia Saudita en defensa del pueblo palestino es otro indicador de que Turquía no se desentiende de los sucesos regionales.
Su intervención en la guerra en Nagorno-Karabaj también afirma este asunto. Tras la operación militar en Azerbaiyán, Erdoğan respaldó el territorio de Karabaj como parte de Azerbaiyán y buscó capitalizar estas tensiones regionales para avanzar en planes comerciales en el Cáucaso. Otras interacciones de Turquía con países africanos del Sahel, Grecia, Siria y los Acuerdos de Madrid -que involucra la entrada de Suecia y Finlandia a la OTAN- fueron parte de la amplia agenda diplomática que maneja Erdoğan. Por último y no menos importante, la gira del presidente Erdoğan por monarquías del Golfo en el mes de julio marcó un hito en su posicionamiento económico y político, con acuerdos significativos firmados con Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar, especialmente en materia de seguridad y financiación, buscando potenciar su industria armamentística.
Estas cuestiones se presentan como claves en la agenda de Turquía en 2024 y su evolución será determinantes para el rol que quiere tener Turquía en el sistema internacional.
Palabras clave: Turquía - Erdoğan - Israel - Palestina - Rusia - Ucrania
Fuentes
dailysabah.com trtworld.com middleeasteye.net new.thecradle.co