Mientras los Estados Unidos y las tropas de la OTAN continúan con el proceso de retirada de sus tropas de Afganistán, el gobierno turco ha dado un paso al frente y ha expresado su intención de mantener una reserva en el país para controlar, administrar y garantizar la seguridad del aeropuerto internacional Hamid Karzai de Kabul. Esta jugada no ha estado exenta de demandas y condicionamientos de Ankara hacia los líderes de la Alianza Atlántica.
La propuesta de Turquía busca llenar el espacio dejado por los Estados Unidos, que tienen previsto completar la retirada del país para el 11 de septiembre del presente año. En contrapartida, Ankara exige compartir los costos con el resto de los miembros de la OTAN. “Permanecer en Afganistán no es una responsabilidad que un solo país pueda tomar sin apoyo […] Existe un riesgo en materia de seguridad, pero también un serio costo financiero que necesita ser compartido”, expresó el pasado miércoles 9 de junio el ministro de Relaciones Exteriores, Mevlut Cavusoglu. Bajo este pretexto, Turquía busca mantener una presencia militar y diplomática en un país cuya situación dista de ser estable producto del recrudecimiento de las tensiones entre el gobierno central y los talibanes, quienes controlan o disputan más del 50% del territorio afgano.
La propuesta de Turquía, que se tratará el lunes 10 de junio en Bruselas al margen de la cumbre de la OTAN, busca a su vez marcar y relanzar la agenda bilateral con los Estados Unidos. No obstante, el ministro de defensa turco, Hulusi Akar, dejó claro que la viabilidad de la iniciativa depende de condiciones políticas, financieras y logísticas. Junto a la asunción colectiva de los costos por parte 7 de los miembros de la alianza se desprende el alivio de las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano ante la adquisición de tecnología militar rusa.