Desde que las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) pasaron a la ofensiva tras derrotar al Ejército Nacional Libio (LNA, por sus siglas en inglés) comandado por Khalifa Haftar, y expulsarlo de Trípoli hacia el este, el foco del conflicto se ha situado sobre la ciudad de Sirte y la base aérea de al-Jufra en el centro del país.
Tanto voceros del GNA como del gobierno turco condicionaron la firma de un alto al fuego al retiro de las fuerzas de Haftar de Sirte y al-Jufra. Frente a esto el presidente egipcio al-Sisi, aliado de Haftar y del Parlamento de Tobruk, afirmó que dichos enclaves constituyen una “línea roja” para Egipto. Durante las últimas semanas se han registrado movimientos de centenares de combatientes que acuden a reforzar ambas partes; convoyes de milicias de todo el país, mercenarios sirios, sudaneses y rusos, vehículos ligeros, drones y armamento pesado. Todo lo dispuesto indica la cercanía del enfrentamiento en torno a esta estratégica ciudad costera, que derive en una mayor profundización e internacionalización de la guerra.
Desde hace varios días se desarrollan negociaciones con el objetivo de evitar la escalada. El 6 consejero de Seguridad Nacional de los EE.UU. Robert O’Brien oficializó la posición de su país en una declaración del 4 de agosto en la que aboga por retornar al formato de conversaciones 5+5, implementar una solución desmilitarizada para Sirte y al-Jufra y la reanudación de la producción petrolífera. Por otra parte, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Arabia Saudita y Rusia apoyaron el llamado al alto al fuego, pero a juzgar por los preparativos, ni Trípoli ni Turquía parecen dispuestos a negociar en este momento.
Palabras clave: Libia, EE.UU., Sirte