El 22 de junio, aproximadamente a las 01:30 am, un terremoto de magnitud 6.1 sacudió el sudeste de Afganistán en una de las zonas más pobres del país. Es el terremoto más mortífero ocurrido en el territorio en dos décadas. El mismo dejó un saldo de al menos 1.100 muertos y 1.500 heridos. Alrededor de 2.000 casas han sido destruidas, dentro de las cuales vivían un promedio de 7 u 8 personas.
Esta situación se vio agravada por la dificultad de hacer llegar la ayuda debido a que la zona afectada es muy montañosa y los resabios de tierra provocaron que muchas rutas queden bloqueadas. A su vez, fuertes lluvias y granizo han azotado a la zona, por lo que los trabajos de rescate se han visto obstaculizados.
Los líderes afganos hicieron un pedido a la comunidad internacional para solicitar ayuda humanitaria. El sistema de salud afgano carece de recursos y la situación financiera del país es alarmante. Apenas dos días después de la tragedia, llegó el primer avión qatarí con 13 toneladas de productos de primera necesidad.
La semana siguiente, los talibán se encontraron en Doha con funcionarios estadounidenses para evaluar la crítica situación económica del país, pues luego de la toma del poder por parte del talibán el año pasado, se congelaron 9 mil millones de dólares estadounidenses de reservas afganas. Se está evaluando la posibilidad de permitirles nuevamente utilizar sus reservas para hacer frente a esta crisis con el debido control para que no sean utilizadas con otros fines.