El pasado jueves 10 de agosto, una veintena de militares sirios resultaron muertos y otros tantos heridos debido a un ataque terrorista a un autobús militar. El hecho sucedió al sureste de la provincia de Deir Ezzor, a unos 450 kilómetros al nordeste de Damasco, la capital de la República Árabe Siria.
Fuentes militares oficiales estipulan que el atentado fue perpetrado en la carretera de la Segunda Planta por el grupo terrorista “ISIS” (Daesh en árabe); organización inscrita en la lista del terrorismo internacional. En la región desértica de Al-Badieh, el este de Siria, se incrementan los ataques de ISIS
El gobierno de Bashar Al Assad, apoyado fuertemente por la Federación Rusa, estipula que la presencia militar ilegal de Estados Unidos en Siria es uno de los principales factores de desestabilización en la región. En esta linea, Al Assad indicó que el mencionado ataque fue llevado a cabo con el apoyo logístico, protección e información de inteligencia de los militares norteamericanos a la organización terrorista.
A este supuesto ataque terrorista se le suman dos acciones violentas en la misma semana, contribuyendo al clima violento en el país. La primera fue una explosión que destruyó una fábrica de misiles del régimen iraní, el domingo 13 de agosto. Por su parte, la segunda explosión tuvo lugar en un depósito que tenía misiles y municiones en una zona "dominada por el Hezbolá libanés" cerca de la ciudad de Al Ruhaiba, el pasado martes 15. En ambos casos, no se logró dilucidar ningún autor material de los ataques.
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