La crisis que estalló en Sudan hace tan solo unas semanas mantiene en vilo a los altos mandatarios egipcios por varias razones.
La primera, y más evidente, Sudan es un país vecino que limita al sur de Egipto. En el año 2004, ambas naciones firmaron el “Acuerdo de las Cuatro Libertades” que contempla la libertad de movimiento, residencia, trabajo y propiedad. Según los últimos números oficiales, Egipto aloja entre 4 y 5 millones de sudaneses. Ahora, activistas de derechos humanos reclaman la puesta en vigencia del mismo, en tanto tienen permitido entrar al país, sin la necesidad de una visa, las mujeres de cualquier edad y varones menores de 18 años o mayores de 60 años.
Otra de las razones es la disputa por la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD, por sus siglas en inglés), dentro de la cual, Egipto y Sudan han presionado a Etiopía a firmar un acuerdo sobre el llenado y funcionamiento de la Presa, algo que aún no ha sucedido. Al-Sisi ha prometido un estrechamiento de las relaciones y mayor cooperación en materia de seguridad a cambio del apoyo sudanés en la cuestión de la GERD. 3 Por último, sobre la participación directa de Egipto en el conflicto, Al-Sisi ya anunció que Egipto no tomará posición en el mismo y dejó clara su intención de ser mediador en el mismo. Esta postura responde, en parte, a contradicciones que el propio gobierno tiene respecto de los dos actores enfrentados. Por un lado, el gobierno de Al-Sisi es más cercano a las fuerzas lideradas por Burhan (jefe de las Fuerzas Armadas y del Consejo de Transición Sudanés), con quien ha firmado acuerdos de cooperación militar en el año 2021; por el otro, las Fuerzas de Apoyo Rápido, en cuya cabeza se encuentra “Hemedti” Dagalo, cuentan con el apoyo de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). La importancia de este último dato radica en la ayuda financiera de los EAU en un contexto de crisis económica egipcia, caracterizada por una moneda devaluada, y una inflación y pobreza en alza.