El pasado 8 de noviembre, murieron más 30 militares progubernamentales en un ataque yihadista contra varias de sus posiciones en el desierto de Resafa, en el norte de la República Árabe Siria, según informó el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.
El atentado ocurrió durante la mañana cuando una serie de combatientes yihadistas armados con ametralladoras atacaron posiciones de las tropas oficiales, cercanas a las fronteras entre las provincias de Al Raqa, Homs y Deir al Zur. La mayoría de los muertos pertenecían a la milicia progubernamental de las Fuerzas de Defensa Nacional y otro tanto al Ejército Oficial, no obstante, la acción también habría causado un número indeterminado de heridos en el lugar.
Cabe recordar que, si bien, el Estado Islámico fue derrotado territorialmente en Siria años atrás, aún mantiene células activas principalmente en el vasto desierto central de Badia; donde la geografía de la región les brinda a los terroristas un sinfín de escondites que les permiten replegarse con pocas consecuencias tras lanzar emboscadas y ataques contra las tropas de Bashar Al Asad.
Claramente, la ideología del Estado Islámico no ha muerto en el país, sino que, por el contrario, busca reconstituirse activamente y reiniciar su campaña de odio en esta región y en todo el mundo.