Durante décadas, los kurdos iraníes han sido víctimas de persecución, privación de sus derechos y fuertes represiones. De ahí que gran parte de ellos huyeran hacia la vecina región kurda iraquí, con la esperanza de encontrar una vida mejor. No obstante, al establecerse allí se encontraron nuevamente viviendo en condiciones pésimas y en un limbo legal.
Los kurdos iraníes revelaron a los medios las dificultades que encuentran en el Kurdistán Iraquí a la hora de acceder a cuestiones esenciales, como lo son el alojamiento, el trabajo, la educación o la asistencia médica. Esta situación se encuentra actualmente agravada por la pandemia y la crisis económica que trajo consigo.
Más allá de los obstáculos socioeconómicos, muchos kurdos iraníes tienen complicaciones legales por la renuencia de las autoridades a renovar sus residencias y a otorgarles la nacionalidad. El gobierno iraquí no reconoce la autoridad del KRG para naturalizar a los ciudadanos extranjeros y el resultado de ello, es que los kurdos iraníes no pueden acceder a la nacionalidad, sin importar el tiempo que lleven instalados en la región. De modo que, no sólo son obligados a vivir en el seno de la ilegalidad, sino también que pueden ser expulsados en cualquier momento.
En consecuencia, decenas de miles de kurdos iraníes continúan reclamando sistemáticamente la asistencia de Naciones Unidas para la obtención de asilo, o bien el traslado a un tercer país. Pese a que el portador de ACNUR afirmó que la oficina de la ONU en Erbil estaba procesando todos los casos de quienes solicitaron asilo, la realidad es que aún no han dado soluciones concretas. Al
7 momento, la única certeza es que los kurdos iraníes, lejos de haber encontrado alivio al trasladarse al Kurdistán iraquí, continúan siendo marginados y viviendo en duras condiciones.