Recientemente, la región del norte de Irak fue testigo de múltiples ofensivas militares, dirigidas a los elementos kurdos allí situados. El área del Kurdistán Iraquí experimentó durante una semana continua, los ataques de Turquía e Irán, respectivamente. Entre los bastiones atacados, se encuentran el área de Haftanin, las montañas de Kandil y el monte de Sinjar, región que acoge a la minoría étnica yazidí.
El ejército turco llevó adelante una ofensiva terrestre y aérea contra el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en el norte de la región. Tras bombardear alrededor de 80 posiciones kurdas, en el marco de la “Operación Garra de Águila”, Turquía lanzó una segunda ofensiva denominada “Operación Garra de Tigre”. Ankara alegó que la campaña reviste el carácter de “auto-defensa”, siendo ésta una respuesta al aumento de los ataques kurdos a sus bases militares y a la situación de amenaza reinante en las fronteras.
En el marco de las operaciones turcas, Irán lanzó su propia ofensiva en las localidades fronterizas de Haji Omran, situadas en la provincia de Erbil. Los ataques de la artillería iraní forzaron a los locales a huir, causando la evacuación de más de cinco aldeas, existiendo el riesgo de que el número se acreciente, ante la posibilidad de ser el blanco de nuevos ataques. 4
Bagdad condenó ambas incursiones en su territorio, calificándolas como una violación de su soberanía. Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, se convocó a los embajadores de Turquía e Irán para protestar por los bombardeos y se les instó al cese del fuego, urgiendo que retiren sus fuerzas del territorio iraquí. Sin embargo, los persistentes ataques, que han superado los 8 días consecutivos, no permiten vislumbrar horizontes positivos a la brevedad.