El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó la operación “Inundación de Al-Aqsa” contra Israel, inaugurando un nuevo capítulo del conflicto palestino-israelí. Hoy, a un año de este hecho, y lejos de vislumbrarse un final, la seguridad de Medio Oriente se ve más amenazada que nunca.
Se puede afirmar que, en el paso de este año, el conflicto tomó nuevas dimensiones. Es posible distinguir dos: la primera refiere a la ampliación territorial del mismo; la segunda, al involucramiento de terceros Estados y grupos armados de la región. Estas dos dimensiones no existen la una sin la otra. Hay una interrelación entre ambas, lo que le otorga a la disputa magnitudes y características particulares. Ahora bien: esto también es alentado por parte de los protagonistas del conflicto, como Israel, que no deja de avanzar y atacar objetivos en el norte. ¿Por qué esto es importante? Al norte de Israel se encuentra el Líbano, otro protagonista, ya que alberga a Hezbollah.
Hezbollah dio apoyo logístico y armamentístico a Hamás para poder atacar aquel 7 de octubre. Tal accionar tuvo dos principales consecuencias: por un lado, arrastrar al Líbano a un conflicto de gran escala a nivel regional; y por el otro, gozar de una mayor legitimación desde entonces. Muchos libaneses entienden que Hezbollah hoy es garante de los derechos palestinos y que su accionar es proporcional al accionar israelí sobre el pueblo palestino. Sin embargo, en julio de este año, Israel asesinó al líder del ala militar de Hamás, Fuad Shukr, lo que exacerbó las tensiones. Sumado a esto, en septiembre la situación se calentó más a raíz del accionar de Hezbollah. El intercambio de bombardeos y la superioridad militar de Israel han generado que la población del sur libanés sea una zona extremadamente poco segura para vivir. En simultáneo, se ha identificado el desplazamiento de familias de la zona hacia otros países vecinos. Además, en las últimas semanas de septiembre, Israel hizo explotar una serie de beepers y walkie-talkies utilizados por miembros de Hezbollah. Esto no sólo marca un grado de infiltración muy grave del lado de la organización, sino también una clara supremacía en seguridad cibernética por parte de Israel. Además, Israel logró asesinar a los últimos dos líderes de Hezbollah.
Resulta pertinente recordar que el principal aliado de Hezbollah en Medio Oriente es Irán, otro actor involucrado. Irán, Estado mayoritariamente chií, atravesó una Revolución Islámica que pretendía una vuelta a las bases islámicas fundamentales; pero también busca eliminar a Israel del mapa regional. Posee capacidad nuclear y, en reiteradas ocasiones, ha sido contenido por Occidente para evitar una escalada de tensiones. Además, Irán está en la misma línea ideológica que Hamás, por lo
que ha apoyado a la organización. Una serie de ataques con misiles y de intromisiones israelíes en el territorio iraní muestran que Irán es un actor fundamental en el conflicto.
Desde la posición israelí, es innegable que el ataque fue una sorpresa para Netanyahu, quien ha recibido críticas por las fallas de prevención del servicio de inteligencia. El Primer Ministro israelí ha intensificado sus ataques en territorio palestino. Esto constituye una amenaza a la seguridad regional y nacional palestina, en tanto lleva a cabo un asedio y priva a la Franja de Gaza de servicios básicos, así como de ayuda humanitaria. Israel ha sido denunciado por otros Estados, por ejemplo, Sudáfrica, quien llevó al país ante la Corte Internacional de Justicia por el genocidio cometido en territorio palestino. Netanyahu tiene una orden de captura a nivel internacional y las Naciones Unidas lo incluyeron en su “lista de la vergüenza”. Sin embargo, a pesar de ser repudiado por la mayoría de la comunidad internacional, Israel continúa recibiendo el apoyo de las principales potencias occidentales, principalmente de Estados Unidos. Esto permite que Israel siga atacando y que obtenga el financiamiento necesario. Además, se erige como el líder en seguridad militar y cibernética, lo que le otorga un poder indiscutible en la región.
Otra cuestión importante es que Netanyahu es el cerebro de un nuevo orden regional. En septiembre, estuvo presente en una rueda de prensa donde mostró un mapa que destacaba la importancia del Corredor Filadelfia. Sin embargo, llamó la atención que el territorio israelí absorbió Cisjordania, lo que demuestra su intención de expandirse.
En conclusión, es evidente que la seguridad regional se ve cada vez más comprometida. El conflicto adquiere nuevas dimensiones, ya que involucra a más actores de la región y, además, la injerencia de potencias extrarregionales que buscan alcanzar la paz y la seguridad. Asimismo, es importante tener en cuenta la postura de los demás países de Medio Oriente, en tanto las respuestas israelíes han sido ampliamente condenadas por parte del mundo árabe. Así, resta por ver qué más depara el conflicto en la región, que dista de ser un capítulo cerrado.