Si los ataques hacia la petrolera saudí Aramco asestaron un duro golpe al gobierno de Riad, la inacción de su principal garante de seguridad, los Estados Unidos, enfatizó la necesidad del reino de moderar su postura. Los ataques fueron vistos por Riad como un atentado a la economía global, apelando a una respuesta por parte de su aliado occidental. Sin embargo, Estados Unidos no tomó cartas en el asunto y se mantuvo como un actor pívot en la región.
En correlato con esta situación y para comprender la postura saudí, se destacan dos factores de la coyuntura regional. Por un lado, un Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) vacío de contenido como consecuencia del bloqueo a Qatar, lo cual replantea la idea de si verdaderamente existe algún grado de cooperación en el Golfo. En segundo lugar, la notable soledad del reino frente al fortalecimiento de Irán, enfatizado por la fallida operación en Yemen.
Frente a esto, el ministro de Relaciones Exteriores saudí ha manifestado que veía como un escenario posible un alto al fuego en Yemen. Esto se vio reflejado en el acuerdo firmado el pasado noviembre y en la liberación de prisioneros hutíes. Sin embargo, habrá que esperar para ver si, finalmente, esta tregua se suma a otras tantas que no lograron sentar bases sólidas para lograr la paz en el territorio yemení.
Asimismo, la mirada internacional se situó en los últimos días en el CCG, donde se han producido incipientes avances, sobre todo cuando el equipo de fútbol saudita aterrizó en Doha, en el marco de la Copa del Golfo. El hito no es la participación en el evento futbolístico en sí, sino cómo a través de esta “diplomacia del fútbol” el avión saudí fue el primero en romper el bloqueo aéreo. No se debe sobredimensionar este hecho, ni hablar de un restablecimiento de relaciones, aunque sí la señal del reino es clara. Hay una necesidad de restablecer lazos con el país vecino, que se ha puesto de manifiesto luego de la retirada estadounidense de la región y que algunos ven como la búsqueda de un deshielo en la región.