En las últimas semanas, la ciudad de Rafah, situada al sur de la Franja de Gaza, se ha convertido en el epicentro de la tensión en el conflicto entre Israel y Hamás. Israel inició una operación terrestre limitada en Rafah el 7 de mayo, cruzando el Corredor Philadelphi, una zona tampón de 14 kilómetros de longitud en la frontera entre Egipto y Gaza, y ocupando el lado palestino de la frontera con Egipto. Alrededor de 1,3 millones de palestinos se refugiaban en Rafah antes del inicio de la operación. Un
millón han huido de la ciudad desde entonces, según cifras de Naciones Unidas.
El 27 de mayo, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) llevaron a cabo un ataque aéreo contra un campo de refugiados en la ciudad sureña, donde al menos 45 personas murieron y otras 200 resultaron heridas, según cifras proporcionadas por el Ministerio de Salud de Gaza, controlado por Hamás, tras desatarse un incendio en la zona atacada. Horas antes, Hamás había lanzado ocho cohetes desde Rafah hacia Tel Aviv, siendo los primeros ataques de largo alcance contra la ciudad
israelí desde enero.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, calificó lo ocurrido como un “trágico error” y anunció el inicio de una investigación para esclarecer lo sucedido. Las FDI argumentaron que el incendio en el campamento no pudo haber sido causado únicamente por el armamento israelí. Además, afirmaron que el ataque se basó en “información de inteligencia previa” que indicaba la
presencia de altos mandos de Hamás en el lugar.
Este ataque es uno de los más mortales perpetrados por el ejército israelí desde el inicio de la operación en la zona el 7 de mayo, generando una fuerte conmoción e indignación a nivel internacional. Este nuevo ataque eleva el número total de muertos desde el inicio del conflicto a
más de 36,090, según los datos del Ministerio de Salud de Gaza.
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