El reino saudí enfrenta un panorama convulso, con desafíos a nivel internacional, regional e interno. Asimismo, el maná del petróleo ha consentido las ambiciones del errante heredero, Mohamed Bin Salman, y ha acentuado los rasgos de patrimonialismo característicos de un Estado rentista, esto se ha plasmado en sus planes de gobierno, entre ellos el programa de desarrollo Visión 2030.
Este proyecto fue lanzado en 2016 por la corona saudí como un plan a largo plazo con tres pilares principales: mantener el status quo del mundo islámico desde una posición de liderazgo basada en la custodia de los dos Lugares Santos; impulsar la inversión y diversificar los ingresos; y, transformar el reino en un centro de conexión entre tres continentes, con la creación de la ciudad artificial de Neom. No obstante, estos tres pilares han sido derribados como un castillo de naipes como consecuencia de las medidas que el reino tuvo que tomar ante la crisis sanitaria mundial que se sumó a la caída de precios del petróleo. El primer pilar fue afectado como consecuencia de la suspensión del Hajj y la cancelación de la emisión de visas de turismo. A esto se le suman medidas de austeridad fiscal, como el aumento del IVA, recortes en el gasto público, una deuda pública que
6 ha aumentado 1500% desde la llegada de MBS, entre otras.
Quedan dudas sobre si este clima de austeridad afectará o no al Ministerio de Defensa o a sus acciones en Yemen. Lo cierto es que el heredero saudí apenas se ha recuperado del oprobio internacional recibido como consecuencia del caso Khashoggi. La actual situación lo pone contra las cuerdas, y la Visión 2030 se encuentra con sus 3 pilares resquebrajados y sus objetivos inconclusos. ¿Podrá el reino retomar sus planes?
Palabras clave: Visión 2030, Mohamed Bin Salman, austeridad