El día 5 de agosto las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) dieron inicio a una nueva operación militar en la Franja de Gaza, denominada por el Estado hebreo como “Operación Alba”. En esta ocasión y a diferencia de otros enfrentamientos, la ofensiva no fue dirigida contra Hamás -organización que gobierna Gaza-, sino contra la Yihad Islámica Palestina (YIP) -grupo militar que opera en dicho territorio.
Las FDI declararon que la operación respondía a “la amenaza inminente de ataque contra civiles israelíes planteada por la YIP en Gaza”. El temor a una represalia surgió a raíz de la detención del jefe de la YIP en Cisjordania, Bassam Saadi, durante una incursión militar de las fuerzas israelíes en un campo de refugiados en Yenín. Tras el incidente, Israel cerró las rutas terrestres y áreas cercanas a la Franja y reforzó el Comando Sur con soldados adicionales.
Entre los objetivos alcanzados por Israel, mediante ataques aéreos, figuran: instalaciones presuntamente utilizadas por la Yihad para la fabricación y almacenamiento de armamento, puestos de control militar y sitios de lanzamiento de cohetes. En respuesta la YIP contraatacó lanzando más de 1100 cohetes –según las FDI-, la mayoría de ellos interceptados por el sistema de defensa antiaérea Cúpula de Hierro.
Luego de casi tres días de intensa violencia, el 7 de agosto, ambas partes accedieron a un cese al
fuego mediado por Egipto. Conforme al Ministerio de Salud palestino, al menos 44 palestinos fueron asesinados en el conflicto, 15 de ellos niños, y 360 resultaron heridos. Los ataques israelíes también causaron la muerte de dos líderes de alto rango del grupo militar. Por su parte, Israel argumentó que unos 200 cohetes de la Yihad habían caído dentro de Gaza, lo cual provocó bajas entre los civiles, incluidos niños.
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