A finales de julio de este año, Estados Unidos -que encabeza la coalición internacional para combatir a la organización yihadista Estado Islámico (EI)-, anunció que pondrá fin a su misión de combate en Irak antes de que acabe el año. Aunque Washington ha asegurado que mantendrá un número indeterminado de militares para asesorar y entrenar al Ejército iraquí, el anuncio ha provocado temores entre algunos sectores locales respecto a un posible resurgimiento del EI.
De hecho, en lo que va del año se han registrado al menos tres atentados de gran magnitud de autoría del EI. A estos se suma que, a pocos días del anuncio, se sucedieron nuevos ataques. El primero fue cuatro días después, en una reunión de condolencias (que tiene lugar en el mundo árabe después del funeral) en la ciudad iraquí de Yathreb, en el norte del país, donde EI causó la muerte de ocho personas y más de 20 heridos.
Asimismo, al menos tres civiles, incluidos dos niños fueron asesinados en otro ataque atribuido a EI en la localidad de Hit, en la provincia de Anbar, tal y como ha recogido la agencia iraquí de noticias NINA. Por último, un soldado murió y otros dos resultaron heridos en un tercer ataque perpetrado por supuestos yihadistas contra un puesto de control militar al noreste de Baquba, en la provincia de Diyala.
EI fue derrotado territorialmente en 2017 tras haber controlado amplias zonas de Irak, pero sus remanentes todavía siguen perpetrando ataques, sobre todo contra las fuerzas de seguridad
iraquíes y particularmente en la frontera con Siria y el norte y centro del país.
Según un informe del Centro de Política Global, se calcula que quedan unos 4.000 terroristas activos y otros 8.000 en células durmientes.