El pasado 11 de agosto, el Estado Islámico (EI) llevó a cabo un ataque contra un autobús militar en el este de Siria, dejando un saldo de 33 soldados sin vida. El mismo tuvo lugar cerca de la ciudad de Al Mayadeen, en la provincia desértica de Deir Ezzor, que se encuentra dividida en zonas controladas por las tropas sirias respaldadas por Irán y Rusia, y los combatientes dirigidos por los kurdos respaldados por Estados Unidos.
A este respecto, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, ha catalogado la operación de la organización terrorista como la más violenta en lo que va del año. Asimismo, el Observatorio afirma que -hasta la fecha- ya son más de 410 personas las que han muerto en ataques y operaciones en Badia. Entre las víctimas se han identificado más de 230 miembros de las fuerzas leales a Al Assad y combatientes de las milicias que las apoyan, además de una veintena de yihadistas del EI.
Si bien el EI fue derrotado territorialmente hace más de cuatro años, aún mantiene “células durmientes” en varios puntos del país. Por consiguiente, esto demuestra que la organización terrorista lejos de haber desaparecido parece haber mutado hacia otras formas organizativas.
Por último, resulta dable destacar que aún no se conoce oficialmente el nombre del nuevo el jefe del EI, ya que el anterior, Abu al-Hussein al-Husseini al-Qurashi, murió en un enfrentamiento en el noroeste de Siria con otra organización yihadista.