El pasado 12 de julio, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó una resolución para restablecer el mecanismo que permite la entrega de ayuda humanitaria a la población civil siria. Se trata de una propuesta presentada por Alemania y Bélgica la cual autoriza el uso del cruce Bab al- Hawa por un año, pero a la vez, cierra el cruce en Bab al-Salam, ambos ubicados en la frontera con Turquía.
La decisión tomada por los 15 miembros del Consejo, con abstención de Rusia, China y Republica Dominicana, se hizo en el marco de un gran debate en torno a la ayuda humanitaria brindada al país árabe. De hecho, tres días antes de aprobarse dicha resolución, Rusia y China vetaron un borrador que inicialmente se había presentado en el que se habría extendido el mecanismo transfronterizo por un año completo. Ambos países acusaron a Occidente de politizar la cuestión humanitaria y no respetar la soberanía e integridad de Siria.
Si bien la autorización de acceso al paso fronterizo de Bab al-Hawa permitirá que la ayuda humanitaria llegue a millones de sirios que viven en la región de Idlib, el cierre del cruce Bab al- 2 Salam es, para muchos, una gran pérdida ya que de esa ayuda dependen más de 1.3 millones de sirios. Las organizaciones internacionales que operan en el país, temen a que el cierre de dicho cruce limite la provisión de agua limpia, alimentos, vivienda y atención médica de la que depende gran parte de la población, agravando así la crisis sanitaria producto del incremento de casos positivos por COVID-19 en la región. En este contexto, queda claro que un solo paso fronterizo no es suficiente, pero ningún cruce fronterizo hubiera puesto en peligro el destino de toda una región. La asistencia humanitaria sigue siendo un salvavidas para millones de ciudadanos sirios y el acceso a ella es clave e indispensable para el cuidado de la población.