El pasado lunes 23 de octubre, milicias proiraníes han atacado una de las bases militares más importantes de la coalición internacional en Siria, ubicada en Deir Ezzor –en el noreste del país- ,liderada por los Estados Unidos. La operación fue ejecutada por la Resistencia Islámica iraquí, pero, según información de inteligencia de Washington, Teherán se encontró detrás de su planificación. Funcionarios estadounidenses sostienen que Irán ha intentado, por medio de este ataque, sacar provecho de la reacción regional al respaldo de Estados Unidos a Israel, en el marco de su enfrentamiento con Hamas.
Desde la Casa Blanca, se cree que Irán está intentando alentar a los grupos terroristas que apoya en la región, en lugar de dirigirlos de forma explícita. Luego del suceso, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby, afirmó que existe “una conexión muy directa entre estos grupos" y los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica –IRGC, por sus siglas en inglés-, expresando una profunda preocupación por parte de Washington.
Por su parte, Estados Unidos ha decidido reforzar sus defensas en Medio Oriente debido a las crecientes escaladas de conflicto. El mismo cuenta con 2.500 soldados en Irak y unos 900 aproximadamente en Siria, como parte de la coalición contra Estado Islámico. Esta iniciativa también fue expresada por el Secretario de Defensa, Lloyd Austin, quien, días previos al ataque, declaró que se estaba trabajando en el despliegue de sistemas de defensa aérea adicionales en la región, como respuesta a las amenazas por parte de Irán.