Luego de haber finalizado el proceso de elecciones en Israel, el nuevo gobierno de unidad recibió una visita fugaz del secretario de estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo. Siendo el primer viaje diplomático luego de la declaración de pandemia, el objetivo de la visita era mantener una reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y Benny Gantz, quién ocupará su lugar luego de los primeros 18 meses del gobierno de coalición.
Uno de los motivos del encuentro entre los funcionarios fue que, a partir del 1 de Julio, el Estado de Israel podrá anexionar los territorios ocupados en Cisjordania, según el plan del presidente Donald Trump para Medio Oriente. Sin embargo, ningún funcionario palestino estaba en la agenda del secretario de estado. Es que para los palestinos los asentamientos israelíes son una clara ofensa contra el sistema internacional y el derecho internacional y, por supuesto, rechazan el proyecto de Trump.
El otro motivo de la reunión era China. En línea con la continua retórica llevada adelante por la administración Trump, Pompeo calificó al primer ministro israelí de “buen compañero”, y sin nombrar al gigante asiático declaró: “Compartes información, a diferencia de otros países que intentan ofuscar y ocultar información’’. Sin embargo, a pesar de las palabras amistosas, el 7 funcionario estadounidense reclamó a su “buen compañero” de permitir a las empresas chinas realizar importantes inversiones en Israel. Por ejemplo, una compañía china obtuvo un contrato de arrendamiento sobre el puerto comercial de Haifa, que entrará en vigencia a partir del 2021.
El primer ministro israelí, lejos de sentirse presionado, recordó la función que cumple la agencia de inteligencia de Israel, el Mossad, en generar información para el gobierno de los Estados Unidos.