En el marco de la 81° Asamblea General de las Naciones Unidas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Barham Salih, llamó a los líderes de MENA a romper con los ciclos prolongados de conflicto y desplazamiento que atraviesan la región.
En una entrevista concedida a The National[1], Salih señaló que las guerras no solo producen pérdidas humanas inmediatas, sino también un deterioro sostenido de las oportunidades económicas, sociales y políticas de las sociedades afectadas. En este sentido, sostuvo que el desplazamiento forzado se ha convertido en una característica persistente de la historia contemporánea de la región.
Las declaraciones de Salih se producen en un contexto de creciente presión sobre los sistemas internacionales de protección. Según el funcionario, de los más de 41 millones de refugiados reconocidos a nivel internacional, aproximadamente dos tercios permanecen en situaciones de desplazamiento prolongado, entendido como aquel que se extiende durante cinco años o más.
Frente a esta realidad, ACNUR se ha propuesto reducir esta cifra de refugiados a la mitad durante la próxima década. El objetivo, sin embargo, se desarrolla en un escenario de restricciones financieras: la agencia funciona actualmente con alrededor del 30 % de los recursos correspondientes a sus necesidades presupuestarias.
Para Salih, abordar el desplazamiento requiere actuar sobre sus causas estructurales. Los conflictos armados, la persecución y la falta de condiciones que permitan un retorno seguro continúan generando movimientos forzados de población en distintos puntos de la región.
El caso sirio ocupa un lugar central en este debate. ACNUR estima que alrededor de 1,9 millones de personas han regresado a Siria. Por lo que Salih planteó la necesidad de acompañar ese proceso mediante infraestructura, recuperación y condiciones que permitan una reintegración voluntaria y digna. Al mismo tiempo, identificó a Yemen y Sudán como escenarios particularmente preocupantes, tanto por la magnitud de sus crisis como por sus consecuencias sobre el desplazamiento regional.
La situación de los desplazados palestinos constituye, en paralelo, uno de los principales puntos de tensión en torno al sistema internacional de protección. En su intervención ante la Asamblea General, el ministro de Relaciones Exteriores tunecino, Mohamed Ali Nafti, cuestionó las medidas israelíes en Jerusalén y en los territorios palestinos y advirtió sobre las consecuencias que tendría el debilitamiento de la UNRWA.
Las declaraciones tunecinas se producen después de que Israel adoptara medidas destinadas a restringir las operaciones de UNRWA, cuya actividad en Jerusalén ha sido progresivamente limitada. La cuestión trasciende, por lo tanto, la asistencia humanitaria inmediata y se vincula con el régimen internacional de protección de los refugiados palestinos y con las disputas políticas en torno a su estatus y derecho al retorno. Nafti también cuestionó las acciones israelíes en Jerusalén y Siria y reclamó una respuesta internacional frente a la situación humanitaria en Gaza.[2]