La República Libanesa enfrenta actualmente una de sus crisis más profundas, abarcando ámbitos económicos, políticos y sociales. Una serie de factores, tales como: la persistente hiperinflación desde 2019, los impactos devastadores de la pandemia del covid-19, las explosiones en el puerto de Beirut, la prolongada vacante presidencial y la desestabilización provocada por conflictos regionales, como el reciente desencadenamiento del conflicto palestino-israelí a finales de este año, han agudizado aún más la delicada situación que atraviesa el país.
En el transcurso del presente año, ningún candidato representante de la comunidad cristiana maronita ha obtenido el respaldo de la mayoría parlamentaria. Michel Naim Aoun fue el último presidente del Líbano hasta la fecha, su mandato finalizó el 31 de octubre de 2022 tras su dimisión y desde entonces han habido 12 intentos fallidos para elegir a su sucesor.
En la escena política libanesa se destacan dos bloques principales. Por un lado, Hezbollah con el candidato Suleiman Frangieh, mientras que la oposición, respaldada por los países del Golfo y Occidente, presenta al ex Ministro de Finanzas, Jihad Azour, como su candidato. A pesar de las declaraciones de las distintas fuerzas políticas sobre su intención de superar el estancamiento, hasta ahora sólo se han escuchado acusaciones mutuas que han ralentizado el proceso. La ausencia de liderazgo ha intensificado las tensiones sectarias y ensombrece aún más las perspectivas de evitar un colapso del Estado. Además, este estancamiento ha demorado varias iniciativas, entre las que se encuentra el programa de ayuda económica del Fondo Monetario Internacional, que requeriría la implementación de reformas estructurales.
En otro orden de cuestiones, a principios de este año la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano señaló la ruptura del cese de hostilidades, desde el 6 de abril, al aumentar los enfrentamientos a lo largo de la línea de retirada. Este aumento de la hostilidad también coincidió con un nueva resolución emitida por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 31 de agosto, en medio de las crecientes tensiones a lo largo de la frontera libanesa frente a la ocupación israelí. La Resolución 2695, adoptada con 13 votos a favor y dos abstenciones de Rusia y China, prorroga el mandato actual de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (FPNUL) por un año, y establece recomendaciones, al haber determinado que la situación imperante en el país sigue representando una amenaza para la paz y la seguridad internacional.
La situación se agravó rotundamente en el mes de octubre, pocos días después del ataque a Israel. La muerte de tres miembros de Hezbollah, como consecuencia de los bombardeos israelíes en el sur del Líbano, llevó a que el grupo chií libanés, ejecutara lanzamientos de misiles antitanque contra tres sitios militares israelíes que se encuentran en la región en disputa del Monte Dov. Las Fuerzas de Defensa de Israel han reforzado su presencia a lo largo de la frontera norte para hacer frente a esta potencial amenaza. A pesar de la agudización de la confrontación, todavía no se habla de una participación formal de Hezbollah en el conflicto.
Algunos analistas califican el aumento de la agresión como apoyo simbólico al grupo Hamás más que precursores de una acción militar seria. A través de este respaldo militar pasivo, se busca atraer y retener a las tropas israelíes en la frontera norte y dividir las defensas antimisiles de Israel. Como expresó un alto dirigente del Movimiento de Resistencia Islámica en el Líbano ‘’les proporcionaremos lo que sea necesario para ayudarles a ganar y las amenazas de Estados Unidos e Israel no nos intimidarán’’. El desempeño de Israel en Gaza podría determinar la participación directa en el conflicto. En última instancia, de concretarse formalmente el involucramiento de Hezbollah en la guerra se podría afirmar que los costos a enfrentar serían significativos ante la situación imperante en el país.
La sociedad civil no permanece indiferente ante el conflicto, y sus repercusiones ya se comenzaron a evidenciar. Incluso antes de comenzado el conflicto, según datos de UNICEF, el 84% de las familias libanesas no tenían la capacidad para satisfacer sus necesidades básicas. En el ámbito económico, la actividad comercial ha disminuido y los ciudadanos están comenzando a acaparar alimentos en previsión de un estallido de las hostilidades. Además, la situación altamente volátil, ha provocado un éxodo de civiles a ambos lados de la frontera, con casi 29.000 desplazados internos solo del lado libanés. De igual manera, las legaciones diplomáticas han comenzado a evacuar a su personal no esencial, y países como Alemania, Arabia Saudita y Estados Unidos recomiendan a sus ciudadanos abandonar el país lo antes posible. La intensificación del conflicto presenta una serie de desafíos humanitarios que exigen una acción inmediata. Este contexto subraya la complejidad de la situación, ya que las tensiones políticas y sociales se entrelazan con preocupaciones internacionales en la región.
En medio de una crisis sin precedentes, la república libanesa se encuentra inmersa en una compleja red de desafíos económicos, políticos y sociales. La crisis financiera que ha devaluado la libra en más de un 90%, el desgobierno y los conflictos regionales, en particular el último episodio del conflicto palestino-israelí, han convergido para crear una situación volátil y desafiante. La falta de consenso político, evidenciada por la ausencia de liderazgo efectivo y los recurrentes intentos fallidos de elegir un nuevo presidente, ha agudizado tensiones internas y demorado iniciativas cruciales, como el programa de ayuda económica. Los recientes enfrentamientos en la frontera con Israel y las acciones militares han intensificado las preocupaciones a nivel internacional. La sociedad libanesa, ya afectada por condiciones precarias anteriores al conflicto, enfrenta desafíos adicionales, como la reflejan la disminución de la actividad comercial y el éxodo de civiles. La situación en Líbano exige un esfuerzo conjunto y coordinado para abordar los complejos problemas que enfrenta la nación, con miras a restablecer la estabilidad y sentar las bases para un futuro más próspero.
Palabras clave: Líbano, Hezbollah