En los últimos años, las mujeres kurdas se convirtieron en objetivos clave del gobierno turco y, en particular, de los grupos más radicalizados. Las mismas son objeto de distintas formas de violencia, que van desde el encarcelamiento hasta asesinatos.
La estrategia de Ankara contra esta minoría penetró en distintos aparatos del Estado; los medios de comunicación progubernamentales turcos describen a las mujeres como terroristas. Basta con que se aboquen a la defensa de los derechos estudiantiles, ambientales, o de género, para que les valga tal calificación.
Las fuerzas armadas turcas también han apuntado crecientemente a las mujeres kurdas. Los encarcelamientos de aquellas son cada vez más frecuentes y se las condena por los motivos más variados, incluso si no hay evidencia alguna al respecto. Una vez en las cárceles, la tortura para las mujeres kurdas continúa: testimonios indican que es habitual que reciban golpes, que sean humilladas e incluso que sean víctimas de violaciones. Aún más, muchas de las operaciones turcas en el Kurdistán han estado dirigidas a mujeres.
Lo mencionado en estas líneas permitió a distintos analistas hablar de “una amplia campaña contra las mujeres en Turquía y en las áreas bajo su ocupación”. La situación se encuentra sustancialmente agravada en Siria, donde las mujeres kurdas desempeñan un papel relevante en la política y en consejos locales vinculados a Unidades de Protección Popular. Aquí, una vez más, los encarcelamientos a mujeres inducidos por Ankara, alegando “terrorismo”, son habituales pese
4 a la falta de pruebas que legitimen los cargos.
Esta situación empeoró con la reciente retirada de Turquía del Convenio de Estambul contra la violencia de género. Ahora, las mujeres en general, no sólo aquellas de origen kurdo, se encuentran más desprotegidas que nunca frente a los posibles abusos que puedan padecer.
Palabras clave: Kurdistán, mujeres, género, Turquía