El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu volvió a convocar al gabinete de guerra el martes 16 de abril por segunda vez en 24 horas para discutir la respuesta a Irán por su ataque del pasado sábado. Ataque que no encuentra precedente alguno por ser la primera vez que Irán confronta a Israel desde su propio territorio.
El jefe de gobierno israelí también invitó a tres líderes de partidos de oposición a sesiones informativas de seguridad separadas, un paso bastante inusual según la prensa local. Por su parte, la Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sostiene que Israel podría responder a Teherán con un ataque a alguna de las instalaciones nucleares iraníes.
Mientras tanto, en Estados Unidos se cree que Israel no atacará directamente a Teherán, sino a sus aliados en la región. El presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Mike Johnson, ha revelado su intención de proponer una votación del presupuesto de EE.UU. dividido en cuatro partes, con una específica para Israel. La idea de los republicanos es aprobar 14.000 millones para Israel y bloquear, de momento, la ayuda de 60.000 millones para Ucrania.
Pero todavía podría haber tiempo para la respuesta diplomática que el presidente Joe Biden está esperando con la reunión que ha convocado del G7, los países occidentales más ricos. El trabajo de los diplomáticos en el G7 será evitar que la región entre en una crisis de seguridad más amplia y perjudicial. El deslizamiento ha sido lento, pero también constante y en una dirección, hacia el desastre, en los seis meses transcurridos desde que Hamás atacó a Israel.
Si Israel sigue el consejo del presidente Biden de no devolver el golpe, Medio Oriente podría tomar un respiro.
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