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FRAME 01/14 · 1 de diciembre de 2025

La política exterior de Türkiye en 2025: pragmatismo, influencia y condicionantes

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
1 de diciembre de 2025 8 min Medio Oriente 1.763 palabras
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En 2025, la política exterior de Türkiye se presenta como una política de transición y reajuste tras la reelección del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). En este contexto, la agenda internacional fue reconfigurada por prioridades securitarias y por la búsqueda de una influencia regional más definida. La caída acelerada del régimen de Bashar al-Assad obligó a Ankara a revisar su estrategia en Siria y a priorizar respuestas orientadas a la seguridad y la estabilidad. Al mismo tiempo, Türkiye buscó posicionarse como un actor clave en la reconstrucción de Gaza, un esfuerzo que se inscribe en un escenario renovado de relaciones con Estados Unidos y en el relanzamiento de los vínculos bilaterales con la administración Trump. En paralelo, Erdoğan profundizó una lógica de omnibalanceo: intenta sostener su rol de mediador en el conflicto en Ucrania sin renunciar a las relaciones estratégicas con China y Rusia, un equilibrio delicado entre autonomía e interdependencia. Sin embargo, en el frente doméstico persisten fragilidades vinculadas con protestas, restricciones civiles y dificultades macroeconómicas que limitan tanto la capacidad como la legitimidad de la proyección exterior turca.

Las opciones de Türkiye en un mundo entre Estados Unidos y China

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca en 2025 revitalizó el vínculo bilateral entre Estados Unidos y Türkiye, algo que se reflejó en múltiples gestos diplomáticos a lo largo del año: la visita de Erdoğan a Blair House, los encuentros mantenidos durante la Asamblea General de la ONU y los elogios públicos de Trump en la cumbre de Sharm el-Sheikh. Aunque este acercamiento marca una recuperación sostenida, la relación sigue atravesada por tensiones estructurales relacionadas al respaldo estadounidense a las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo) en Siria, a la fractura política pos-golpe de 2016 y a las secuelas de la compra del sistema S-400, que derivaron en la salida de Türkiye del programa F-35 y sanciones bajo CAATSA.

La “nueva normalidad” también se manifestó en el plano de la seguridad. La ratificación por parte de Türkiye de la adhesión de Suecia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) permitió destrabar la aprobación estadounidense para la venta y modernización de los F-16 en 2025, aunque decisiones paralelas —como la autorización para vender F-35 a Grecia— moderaron las expectativas de Ankara. A ello se sumó una convergencia táctica en Siria y Gaza: se alcanzaron acuerdos parciales para que Türkiye coopere con el nuevo régimen de Al-Sharaa en la etapa posterior a Al-Assad, y para que fuerzas turcas integren el grupo de países encargados de la reconstrucción de Gaza. Todo esto se articuló en la cumbre del alto el fuego, que operó como un espacio de entendimiento pragmático entre Washington y Ankara a lo largo del año.

Por otra parte, la búsqueda de autonomía estratégica de Türkiye respecto a sus tradicionales aliados occidentales ha reavivado interrogantes sobre el alcance real de su acercamiento con China. Tras la histórica visita de Erdoğan a Pekín en 2012, la primera visita ministerial de alto nivel posterior fue la de Hakan Fidan a China en junio de 2024, repetida en este año para la celebración del “Día de la Victoria” chino, lo que muestra interés por profundizar los canales bilaterales. No

obstante, los lazos con Beijing no constituyen aún un sustituto completo del capital y la inserción tecnológica occidentales ya que factores estructurales —como la pertenencia de Türkiye a la OTAN, el relativamente limitado impacto directo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta en la economía turca, bajos flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) chinos comparados con Occidente, y un déficit comercial con China— moderan la posibilidad de una dependencia alternativa. En ese marco, la solicitud formal de Türkiye para integrarse a los BRICS en septiembre de 2024, poco tratada en el presente año, aparece menos como un divorcio de Occidente y más como una estrategia de apalancamiento: diversificar socios, atraer inversiones del Sur Global y ganar margen de maniobra frente a las presiones occidentales.

La estrategia de Türkiye en 2025 mantiene su perfil mediador como vía para sortear condicionantes externos y proyectarse como actor diplomático relevante. La guerra en Ucrania volvió a ser el escenario principal de esta apuesta: las conversaciones entre Erdoğan y Zelensky reforzaron la cooperación política y de defensa, incluyendo acuerdos para suministro y producción conjunta de armamento, en un contexto de apoyo fluctuante de Estados Unidos a Kiev. Este equilibrio, marcado por el apoyo a Ucrania sin romper la relación estratégica con Moscú, responde a las necesidades energéticas de Türkiye, que aún depende de Rusia como proveedor clave.

Otro pilar de la política exterior turca en este año ha sido la proyección internacional de su industria de defensa, la cual busca expandir exportaciones y alinearse con estándares occidentales, manteniendo una fuerte dependencia de la inversión tecnológica europea y estadounidense. Esa estructura industrial limita una transferencia tecnológica profunda con potencias no occidentales. A ello se suma la prioridad en reducir vulnerabilidades geopolíticas mediante corredores de conectividad regional, como el impulso al corredor de Zangezur, la Ruta del Desarrollo y otros proyectos transregionales destinados a asegurar rutas comerciales y logísticas propias.

Gaza, Siria y la lucha por el poder regional

En línea con su aspiración de imponerse como líder de la Umma, el 2025 mostró a una Türkiye mucho más radical y agresiva en su aproximación a la guerra de Gaza y, consecuentemente, en sus vínculos con Israel. Aunque al principio Erdoğan había mantenido una postura dialoguista, la política exterior turca se endureció rápidamente. Ankara suspendió el comercio bilateral, rompió el tráfico aéreo y marítimo y se convirtió, junto a Qatar, en uno de los principales respaldos políticos y logísticos de Hamás. Israel respondió con una retórica cada vez más hostil, llegando miembros de su gobierno a comparar a Erdoğan con los nazis y promoviendo una ruptura total con Estambul.

Sin embargo, es importante destacar que esta postura agresiva tiene un fuerte componente discursivo. La fragilidad interna del mandatario explica en gran parte este tono más confrontativo, teniendo en cuenta que la opinión pública turca es, casi en su totalidad, favorable a la causa palestina. Al mismo tiempo, Ankara busca ocupar un rol de liderazgo suní en la cuestión palestina,

desplazando a Irán y a sus aliados chiitas como referentes del “Eje de la Resistencia”. Con Teherán debilitado en Gaza, Siria y Líbano, Türkiye intenta aprovechar el vacío para avanzar en su proyecto “neo-otomano” y reposicionarse como actor central en Medio Oriente. Ahora tras el alto al fuego y el inicio de los planes de reconstrucción de Gaza, Ankara aspira además obtener beneficios económicos —inversiones masivas— y políticos, presentándose como un puente entre el mundo islámico y Occidente.

La rivalidad entre Türkiye e Israel también se proyecta en Siria. La caída de Bashar al-Assad en diciembre de 2024 abrió un nuevo escenario de competencia por la influencia en un país clave para ambos. El ascenso de Hayat Tahrir al-Sham (HTS) al poder, con apoyo de Türkiye, representó una importante victoria estratégica para Erdoğan y Hakan Fidan. Este movimiento permitió a Ankara asumir un rol central en la estabilización de Siria y fortalecer al nuevo gobierno encabezado por Ahmed al-Sharaa. Para Türkiye, este proceso ofrece la oportunidad de abordar la crisis de refugiados, reducir la presencia de las YPG —vinculado al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PPK)— y consolidar su esfera de influencia en la región. En esto último será fundamental ver cómo acaban las negociaciones para que las Fuerzas Democráticas Sirias (de las que las YPG son parte) se incorporen al ejército nacional sirio.

La situación interna de Türkiye: crisis democrática y reactivación económica

A nivel interno, crecen las preocupaciones por la deriva autoritaria de Türkiye. Aunque esta tendencia se venía manifestando desde hace casi una década, los niveles de represión a la opinión pública y los ataques indiscriminados hacia la oposición han alcanzado un punto sin precedentes en este siglo. En marzo de este año, uno de los eventos que acaparó la atención internacional fue el encarcelamiento del alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu, quien días antes había sido designado candidato del principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), de cara a las próximas elecciones. Este acto no pasó desapercibido para la sociedad civil turca y empujó a decenas de miles de ciudadanos a salir a las calles, con protestas a lo largo de todo el país que fueron duramente reprimidas. Si bien el caso de İmamoğlu es el de mayor revuelo mediático, está lejos de ser el único: se ha perseguido a periodistas y líderes de la oposición y se han suspendido cuentas en redes sociales. Este alcalde tampoco fue el único detenido ya que son 11 los miembros del CHP encarcelados, destacando el arresto en julio de tres alcaldes de grandes ciudades del sur bajo cargos de “extorsión”. Tras la ajustada victoria en las pasadas elecciones, Erdoğan parece estar acelerando su consolidación total del poder, buscando eliminar cualquier amenaza de cara a las elecciones de 2028.

Respecto a esto último, va creciendo la incertidumbre respecto a la sucesión de Erdoğan. Más allá de los límites constitucionales que le impedirían buscar la reelección, en 2028 ya tendrá 74 años, y muchos dudan de que su estado de salud le permita mantenerse en el poder por mucho más tiempo. Esto ha desencadenado una lucha interna en el corazón del AKP que, si bien aún no es abierta, se puede notar como poco a poco va perfilando los distintos bandos. Por un lado, la familia de Erdoğan, que apuesta por Selçuk Bayraktar —yerno del presidente y CEO de la

compañía de defensa Baykar Corp.—; y por el otro, Hakan Fidan, exjefe de inteligencia y actual ministro de asuntos exteriores, de larga trayectoria en la cúpula del poder, que mantiene el control de los aparatos de seguridad e inteligencia.

Por último, a pesar de las dificultades que atravesó la economía interna en los últimos años, los vientos parecen comenzar a cambiar a favor del Estado turco en el desenlace de 2025. Tras un prolongado período de fuerte inestabilidad monetaria y financiera, los indicadores muestran señales de alivio: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumula 15 meses consecutivos de descenso, las proyecciones anticipan un crecimiento superior al 4% del Producto Interno Bruto (PIB) y el índice bursátil de referencia (XU100) exhibe resultados sólidos. A ello se suma una disminución progresiva de la tasa de desempleo, reforzando la percepción de una recuperación incipiente pero sostenida.

Palabras clave: Türkiye – Estados Unidos – OTAN – China – autonomía – Erdoğan

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