La economía turca viene atravesando desde ya hace unos años una inestabilidad que conspira contra sus previsiones de crecimiento. Asimismo, este frágil contexto eleva la presión sobre el presidente Recep Tayyip Erdogan, quien ha perdido algunos puntos de popularidad por el aumento de la inflación, el desempleo y la pobreza, toda vez que trata de revertir este cuadro mediante una retórica nacionalista y conservadora.
En ese escenario de volatilidad creciente se produjo la remoción del jefe del Banco Central turco por el propio primer mandatario. Naci Agbal, ex ministro de Finanzas y de gran reputación en el sistema financiero internacional y que había sido nombrado en el cargo en noviembre de 2020, fue removido luego de que el instituto emisor elevara las tasas de interés al 19%. En su lugar, asumió el ex legislador del AKP, Sahap Kavcioglu. Erdogan, con quien comparte perspectiva, se ha pronunciado enemigo de las altas tasas, las cuales considera como principal causa de la inflación, a contramano de lo que arroja la historia económica. Frente a esta decisión, la lira turca llegó a caer 17% de su valor con respecto al dólar: el dólar llegó a venderse a 8,48 liras a primera hora del lunes, mientras que terminado el día se estacionaba en 7,84 liras.
Lo que puede ser un hecho común o, al menos, previsible y controlado en otros países, en Turquía implica fuertes repercusiones internacionales. Bajo esta decisión se desprende la intención de Erdogan de ajustar aún más el control sobre la economía del país, reavivando los temores de los últimos años cuando nombró en la cartera de Finanzas a su cuñado, Berat Albayrak, o cuando 2 removió en el año 2019 también del puesto de jefe del Banco Central a Murat Cetinkaya tras su negativa de bajar las tasas.