Al igual que en el resto del mundo, Egipto también ha sufrido las consecuencias del conflicto ruso- ucraniano. Si bien inicialmente se rehusó a condenar las acciones rusas, finalmente, debido a las presiones de Occidente, votó a favor de la resolución de Naciones Unidas (ONU) que instó a Putin a poner fin a las hostilidades. No obstante, Egipto se abstuvo de votar la resolución que expulsó a Rusia del Consejo de Derechos Humanos.
La negativa de sumarse a un bando u otro responde no sólo a la buena relación que se erigió con Rusia ante la llegada de Al-Sisi al poder, sino también porque Rusia es uno de sus principales proveedores de armamentos. Asimismo, actualmente, se encuentra en desarrollo un proyecto de Rosatom (Corporación Estatal de Energía Atómica) para la construcción de una planta nuclear en Egipto y se prevé otro que crea una zona industrial rusa en la Zona Económica del Canal de Suez. Por otro lado, El Cairo posee una relación estratégica con Washington, a quien considera un aliado clave en el MENA y de quién también recibe ayuda militar. Por último, Egipto también tiene intereses en Ucrania y la Unión Europea, en tanto aspira a convertirse en proveedor de gas natural para estos países.
En cuanto a los efectos económicos de la guerra, El Cairo es considerado uno de los mayores importadores de trigo en el mundo siendo casi el 80% de sus importaciones provenientes de Ucrania y Rusia. Ante la interrupción de las mismas, los precios del pan han aumentado hasta un 25%, un producto cuya importancia socio-económica reside en ser el alimento históricamente más
7 barato y accesible para la clase pobre egipcia. Su precio se vio aún más afectado por la reciente devaluación en un 14% de la moneda local.
Ante ello, Egipto ha buscado incorporar a nuevas naciones como importadoras de trigo, ha solicitado un nuevo préstamo ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) y busca financiar la producción local del trigo.