Turquía históricamente ha orientado sus esfuerzos hacia la exclusión y subyugación de los kurdos. A los métodos tradicionales de presión, Ankara ha sumado hace un tiempo la manipulación del agua.
Al contar con la propiedad de los sistemas de presas del río Éufrates, el Estado turco se garantiza el control del suministro hídrico del Kurdistán. Tal posesión le ha permitido reducir, e incluso impedir, el flujo de agua hacia la región kurda del noreste de Siria, generando consecuencias catastróficas para la población y la agricultura de la zona. El agua proveniente del Éufrates alimenta a todos los cultivos de la región, por lo que su disminución provoca un aumento en los costos de producción agrícola, que se traslada de igual manera a los precios. Además, el recurso hídrico adquiere una centralidad aún mayor en los tiempos que corren, dada su importancia en la prevención del COVID-19.
Estos episodios sucedieron más de una docena de veces el año pasado y se han repetido con la misma intensidad durante marzo y abril del corriente año. Frente a esta situación, los kurdos de la región han intentado movilizar a la opinión pública internacional con el fin de lograr que se ejerza presión sobre Turquía, pero no han obtenido resultados. De ahí que en los medios se analicen otros medios como la apelación a los tribunales internacionales. 4 De esta manera, el agua se convierte en un arma de guerra adicional en la lucha de Ankara para obstaculizar a la Administración Autónoma del Norte y Este de Siria en su búsqueda de mayor autonomía.
Palabras clave: Kurdistán, Turquía, agua