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FRAME 01/14 · 15 de noviembre de 2025

La fragilidad de la seguridad en Medio Oriente: entre la diplomacia, guerras y terrorismo

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
15 de noviembre de 2025 7 min Medio Oriente 1.367 palabras
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Al evaluar el estado de la seguridad en Medio Oriente, puede afirmarse que en 2025 la región volvió a encontrarse al borde del colapso. La convulsión constante en esta región del planeta dista de ser una novedad y resulta muy difícil pensar en una “paz para Medio Oriente”, tal como afirmó el presidente de Estados Unidos, Donald Trump durante la Cumbre para la Paz de Sharm el-Sheikh. Este año, la región estuvo marcada por el recrudecimiento de la guerra entre Hamás e Israel y por el genocidio israelí contra la población palestina. Los ataques entre países vecinos continuaron y, en el caso de Irán e Israel, escalaron hasta desencadenar un enfrentamiento directo. Paralelamente, el terrorismo tampoco permaneció ajeno al conflicto, por lo que surgió la necesidad de explorar nuevos escenarios y nuevas conceptualizaciones para alcanzar la paz entre las partes. En este marco, creció la preocupación por la desatención de posibles frente adicionales, no solo bélicos, sino también focos de surgimiento de nuevas células terroristas.

Nuevos ataques, viejos rivales

A lo largo de 2025, Israel llevó adelante ataques contra distintos puntos de Siria y el Líbano, así como contra los hutíes en Yemen. En el caso de estos últimos, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) asesinaron en uno de estos ataques a Mohamed al-Gamari, máximo jefe militar de los hutíes, y arremetieron contra el palacio presidencial, instalaciones eléctricas y depósitos de combustibles mediante drones. Los hutíes respondieron con ofensivas contra infraestructura israelí, como el aeropuerto de Tel Aviv, y contra buques con bandera israelí en el mar Rojo, llegando incluso a bloquear el tránsito marítimo en ese corredor estratégico.

Uno de los episodios más relevantes ocurrió en junio, cuando Israel lanzó un ataque contra las instalaciones nucleares en Irán, con el objetivo de detener el desarrollo del programa nuclear iraní. La ofensiva desencadenó la denominada “guerra de los 12 días”, caracterizada por un intercambio de misiles y por el bombardeo iraní a la base estadounidense de al-Udeid en Qatar. Hacia el final del conflicto, Estados Unidos intervino directamente con la “Operación Midnight Hammer”, atacando las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz y Esfahan.

A su vez, la guerra entre Hamás e Israel se intensificó en tanto Tel Aviv continuó con el asedio, el bloqueo al acceso de la ayuda humanitaria y con los ataques a distintos puntos de la Franja de Gaza. En febrero, Benjamín Netanyahu y Trump presentaron un plan que, en teoría, planteaba la creación de un complejo turístico en Gaza, pero, en la práctica, implicaba una limpieza étnica y el desplazamiento forzado de millones de palestinos, con la clara intención de repartirse el territorio entre ambos. En agosto, el gobierno de Netanyahu aprobó además un plan para anexar Cisjordania, donde ya existen enormes cantidades de asentamientos de colonos israelíes. Pese a las reiteradas condenas por parte de la comunidad internacional y del mundo árabe, poco se ha hecho en el plano concreto para detener el accionar israelí en los territorios palestinos.

La “efectividad” de la diplomacia en materia de seguridad

El rol de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no puede soslayarse a la hora de abordar la seguridad en Medio Oriente: como bien indica el artículo 1 de su Carta, uno de los propósitos de la organización es el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales. Sin embargo, el Consejo de Seguridad quedó paralizado en reiteradas ocasiones frente al deterioro de la crisis humanitaria en la Franja de Gaza, producto del veto de países como Estados Unidos. Aunque hubo avances, como el reconocimiento del genocidio perpetrado por Israel tras el informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación sobre los Territorios Palestinos Ocupados, su capacidad para implementar sanciones contra Tel Aviv ha sido prácticamente nula.

En el ámbito diplomático, Arabia Saudita logró un importante triunfo al promover la llamada “Declaración de Nueva York”, aprobada por la Asamblea General el 12 de septiembre, destinada reforzar la solución de dos Estados. Lo novedoso de la misma es que el eventual Estado palestino quedaría a cargo de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), excluyendo a Hamás del ejercicio del poder.

La ONU no fue la única instancia multilateral para hacer valer los esfuerzos diplomáticos de los países. En octubre se celebró la Cumbre para la Paz de Sharm el-Sheikh, con el objetivo de respaldar la primera fase del acuerdo preliminar de paz entre Hamás e Israel, luego de intensas rondas de negociaciones entre las partes. En esta ocasión, Egipto, Turquía, Qatar y Estados Unidos se erigieron como garantes del alto al fuego, aunque Israel continuó con los ataques en Gaza.

Otra instancia de mediación tuvo lugar en abril, en Omán, cuando funcionarios de Estados Unidos e Irán se reunieron para negociar la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear tras la salida Washington del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) en 2018. No obstante, las conversaciones fracasaron luego de que la Casa Blanca emitiera un ultimátum previo al ataque israelí contra las instalaciones iraníes.

Finalmente, la falta de efectividad de la diplomacia del mundo árabe en materia de seguridad quedó en evidencia a la hora de condenar a Israel por los ataques contra Doha en septiembre. Pese a la convocatorio urgente de una cumbre conjunta entre la Liga Árabe y la Organización para la Cooperación Islámica, la principal crítica recibida fue la escasez de medidas tomadas en contra de Israel, a pesar del consenso regional sobre la amenaza que representa.

Terrorismo en el MENA: ¿continuidad o ruptura?

La evolución del conflicto entre Palestina e Israel reabrió un debate profundo sobre la conceptualización del terrorismo global. El reconocimiento del Estado palestino por parte de varios países occidentales tensiona la definición de “organización terrorista”.

Once países reconocieron a Palestina como Estado el día 22 de septiembre de 2025, probablemente recordado como un día histórico para la comunidad internacional. Sin embargo, aquí es donde se abre un debate: si bien Hamás aplaude la ola de reconocimientos por parte de los Estados Occidentales y la búsqueda concreta de medidas para la paz, espera que haya

garantías con respecto al alto al fuego, la entrada de la ayuda humanitaria y la retirada de las fuerzas israelíes. El problema es que Hamás es considerada por muchos de estos países como una “organización terrorista”, y forman parte de la Organización contra el Terrorismo Internacional. Nace entonces un nuevo interrogante a la hora de analizar la situación: ¿qué se puede entender por el reconocimiento a Palestina si Hamás gobierna la Franja de Gaza? Claro está que estas naciones votaron a favor de la creación de un Estado palestino con la ANP a la cabeza, excluyendo a Hamás fuera de la ecuación.

Ahora bien, al realizar un análisis más profundo del terrorismo en la región de Medio Oriente, no puede eludirse la existencia y actualidad de Estado Islámico (EI) en Siria, gobernada por Ahmed al- Sharaa. El presidente interino encabeza la organización Hayat Tahrir Sham (HTS) y el principal desafío que encuentra su gobierno es la dificultad de mantener la integridad y unidad territorial. EI no es ajeno a dicha situación y continúa activo con sus denominados “lobos solitarios”. En este contexto, el ejército estadounidense confirmó la muerte de Dhiya Zawba Musli al Hardani, alto dirigente de EI, en la gobernación de Alepo, una ciudad marcada por la guerra civil iniciada con la Primavera Árabe y que resistió la ocupación del grupo durante el auge del califato.

Con una Siria completamente inestable y fragmentada –sumado al gobierno de un presidente interino que continúa con la persecución de las minorías religiosas y que encabeza un grupo que, anteriormente, era reconocido como terrorista–, las Fuerzas Democráticas Sirias denunciaron que EI intentó aprovechar el clima reinante de inestabilidad para reagruparse y lanzar nuevos ataques en distintos puntos del país.

Por último, la situación en Gaza y Siria se vincula con la de los campos de refugiados, espacios extremadamente vulnerables donde los recursos son escasos y las crisis humanitarias persistentes. Estos entornos, además de representar un desafío humanitario urgente, se convierten en terreno fértil para la radicalización: muchos jóvenes, inmersos en condiciones extremas, encuentran en grupos como Hamás o EI una vía para “vengar” su realidad.

Palabras clave: seguridad – diplomacia – terrorismo – guerra

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aljazeera.com bbc.com news.un.org

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