La República Libanesa se encuentra atravesando una de sus peores crisis económica, política y social. La hiperinflación presente desde 2019, sumada a la pandemia del Covid-19 y las explosiones en el puerto de Beirut han agudizado aún más la situación del país. Según datos de UNICEF, el 84% de las familias libanesas no tienen la capacidad de satisfacer sus necesidades básicas. Esta situación ha derivado en un desmoronamiento de las instalaciones públicas.
Uno de los sectores más perjudicados fue el sistema educativo. Durante la pandemia el sistema escolar no tuvo las herramientas para garantizar un aprendizaje de calidad a distancia. Sin embargo, tras la declaración del fin de la emergencia sanitaria global, los niños libaneses siguen sin asistir a las escuelas.
A consecuencia de la crítica situación económica muchas familias no se pueden permitir enviar a sus niños al colegio. Además, según UNICEF, uno de cada dos menores está expuesto al trabajo infantil u otro tipo de abusos contra la infancia. Los mismos se ven obligados a salir a trabajar, mayormente en trabajos mal remunerados en el sector informal, y en muchos casos, se convierten en el ingreso principal de su familia. Asimismo, se registró un aumento en el número de matrimonios prematuros, en tanto muchas niñas son casadas a una edad temprana para reducir 7 su carga económica.
Actualmente, toda una generación se ve imposibilitada de recibir educación, atención sanitaria y nutrición adecuada, lo que tendrá un efecto en el crecimiento a largo plazo de la economía y el futuro del país. La crisis, sin final predecible, cierra el futuro a una generación entera de niños libaneses.
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