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FRAME 01/14 · 15 de diciembre de 2017

Kurdistán: a casi tres meses del referéndum

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
15 de diciembre de 2017 4 min Medio Oriente 695 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

En un contexto de creciente volatilidad regional, la celebración del referéndum kurdo marca un punto de ruptura en relaciones internacionales de Medio Oriente. Con él, el mayor pueblo del mundo sin Estado intenta, por un lado, materializar un anhelo histórico - consolidar la independencia estatal kurda- y, por el otro, poner la cuestión independentista en las principales líneas de la agenda internacional.

Con una economía en serios problemas de solvencia, e instituciones pobremente democráticas, las perspectivas futuras no son positivas.

En este sentido, Iraq y sus dos poderosos vecinos, Turquía e Irán, se alzaron para rechazar la celebración del referéndum. En primer lugar, porque el referéndum incorporaba zonas históricamente disputadas entre Erbil y Bagdad como Kirkuk –valiosísima fuente de crudo y gas natural-, que podían representar para Iraq la pérdida de un tercio de su territorio y, en segundo lugar, porque podría animar ambiciones separatistas kurdas en las fronteras de los países mencionados.

El contundente rechazo, al mismo tiempo, se materializó en medidas concretas. Iraq forzó la suspensión de vuelos internacionales hacia el Kurdistán y, asimismo, tomó el control del enclave Kirkuk. Por su parte, Erdogan amenazó con clausurar el oleoducto que permite al Kurdistán exportar crudo a través de territorio turco.

El caso de otras potencias, como Estados Unidos o Francia dista un poco de los principales afectados, pues manifiestan la necesidad de entablar un diálogo pacífico entre Erbil y Bagdad, apoyo a su vez expresado por comunicados oficiales de la ONU.

A pesar de las presiones internacionales, aún no se han llevado a cabo negociaciones efectivas que avancen en la solución del conflicto.

Más allá de los anhelos históricos del pueblo kurdo, es preciso considerar las posibilidades y capacidades materiales del Kurdistán para su consolidación como un Estado, sin dejar de tener en cuenta la intrincada y cada vez más complicada situación económica que atraviesa la región autónoma. En este sentido, no se trata de si el pueblo kurdo podrá transformarse en un Estado, sino en la clase de Estado que pueda emerger: un Estado pobre e inestable o, en el peor de los casos, un Estado fallido.

TOMÁS MIÑO

Observatorio Región MENA

IREMAI-GEMO / UNR

Tres años de Califato: perdida de territorio, atentados low cost y “califato virtual”

Fue en junio del año 2014 cuando Abu Bakr al-Bagdadi, líder de la organización terrorista Estado Islámico (EI), se dirigió frente a la mezquita de Mosul y proclamó el inicio del único Califato que se extendería hacia el Occidente, borrando los actuales límites para crear un solo Estado habitado millones de habitantes. Hoy, a tres años de su existencia, EI transita una etapa marcada por la pérdida de control territorial, nuevos métodos de organización y funcionamiento, los llamados atentados “low cost” y una nueva estrategia de difusión propagandista, “el califato virtual”.

Es evidente que la supervivencia de EI se vio profundamente afectada tras la caída de sus principales bastiones en la ciudad de Mosul y Al-Raqqa. Sin embargo, sería un error creer que la derrota sellaría el fin de esta organización.

Por otro lado, durante 2017 grandes ciudades cosmopolitas como Nueva York, Londres, Paris y Barcelona sufrieron atentados que llevó adelante EI, los cuales tiene una particularidad: son atentados low cost, es decir, de bajo costo, porque ellos enseñan a

llevarlos adelante sin un gran despliegue tecnológico ni tampoco con una gran inversión.

Esto comprueba que detrás de la posesión de territorio, un sistema de gobernanza y su estrategia paramilitar, existe una estrategia ideológica que no requiere de territorio físico para su continuación. Ésta se combina, además, con una bien aceitada maquinaria propagandística basada en el uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs), es decir, blogs, redes sociales y aplicaciones disponibles en cualquier smartphone, donde apelan a la instrumentalización de un discurso religioso y alientan o guían a sus seguidores para perpetuar atentados.

Todo ello implica reconocer que, a pesar de transitar un periodo de decadencia del Califato, las sociedades aún corren el riesgo de verse expuestas. Probablemente, EI pase ahora a adoptar la forma clásica de un grupo terrorista, y que su pérdida de popularidad haga mermar su capacidad de reclutamiento, pero manteneniendo sus objetivos e ideología latentes.

#Medio Oriente