IREMAI· GEMO
REPORTE
FRAME 01/14 · 6 de diciembre de 2025

JURI Desafíos persistentes: el 2024 en Irak

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Fotografía · IREMAI Derechos reservados
6 de diciembre de 2025 7 min Medio Oriente 1.471 palabras
REPORTE · OBSERVATORIO

La historia reciente de Irak está marcada por un recorrido de desafíos constantes, donde cada año contribuye a la compleja trama de su presente y su porvenir. El 2024 no fue un nuevo episodio en la narrativa de un país que, año tras año, lucha por superar sus fragilidades económicas y sociales, mientras enfrenta persistentes retos de seguridad. En lo que respecta a este último tema, Bagdad sigue siendo el escenario de disputa y ataques entre los miembros de la Coalición Internacional de Lucha contra el Estado Islámico y las milicias y grupos paramilitares que se oponen a la presencia extranjera en el territorio. Las células del Estado Islámico, dispersas desde su derrota territorial en 2017, siguen operando en algunas regiones, especialmente en áreas rurales. La insurgencia se ha adaptado, incrementando ataques focalizados contra infraestructura, figuras políticas y civiles.

Es por tal motivo que las tropas de la coalición internacional, lideradas por Estados Unidos (EEUU), siguen apoyando operaciones antiterroristas, aunque la presencia extranjera sigue siendo un tema divisivo dentro del país. El 2024 comenzó con intensas negociaciones sobre la presencia militar extranjera en Irak, marcando un hito en la política de seguridad nacional. El gobierno iraquí y el norteamericano acordaron un nuevo plan de retirada completa de las tropas estadounidenses para 2026, poniendo fin a la misión liderada por EEUU contra Estado Islámico. Este proceso de transición plantea desafíos para la estabilidad regional y la capacidad de Irak para manejar la seguridad de forma autónoma, algo que ya sucedió en el pasado cuando las tropas se retiraron en 2011, teniendo que volver en 2014 por la toma de territorios del grupo yihadista.

La presencia extranjera se profundizó en Irak durante el presente año, producto de la guerra entre Israel y Palestina. A lo largo del conflicto, Irak mantuvo la postura de abogar por la paz y evitar todo tipo de escalada de la violencia. No obstante, pese a los pronunciamientos de las autoridades, en el accionar se ha tenido una postura más cercana a la causa palestina, manteniendo su histórica posición. En este sentido, no se han condenado los ataques de Hamás hacia Israel a lo largo del año y no se ha brindado apoyo a Israel en los ataques y contra-ataques hacia la organización. Este conflicto devino en nuevas injerencias en el territorio iraquí. En efecto, pese a que el gobierno iraquí se opuso al uso de su espacio aéreo para extender el conflicto, su posición no fue escuchada. Al contrario, las autoridades denunciaron ante Naciones Unidas la violación de dicho espacio aéreo de la soberanía iraquí por parte de la aviación militar israelí, en un ataque contra Irán.

Hay que tener presente el mosaico social que caracteriza a Irak, lo que lo llevó a enfrentar intensos desafíos sociales que reflejan la fragilidad de su tejido comunitario y la complejidad de sus divisiones internas, también conocido como sectarismo. Este último, continúa siendo una fuente significativa de inestabilidad. Las luchas entre facciones chiitas rivales -especialmente entre el ejército iraquí y las milicias de la Movilización Popular (PMF)- han aumentado, jugando un papel desafiante a lo largo de este año. Este conflicto interno ha resaltado las profundas divisiones políticas y sociales que persisten en el país, dificultando la consolidación de una paz duradera. Las tensiones sectarias se profundizaron en los últimos meses del presente año, ante las elecciones de un nuevo presidente para el parlamento iraquí. En esta ocasión, los distintos grupos etno-sectarios buscaron prevalecer y aumentar sus cuotas de poder. De allí que la definición del nuevo presidente del parlamento avivase la violencia y la disputa entre los distintos grupos. Finalmente, en noviembre, tras un año de bloque político, una numerosa facción chiita decidió apoyar al actual presidente sunita, Mohsen al-Mandalawi, para que se mantenga en el cargo.

La economía iraquí en 2024 continúa atrapada en su histórica dependencia del petróleo, un recurso que sigue representando cerca del 90% de los ingresos gubernamentales. Esta situación ha expuesto al país a las fluctuaciones del mercado global, creando un ciclo constante de incertidumbre económica. Durante este año, la volatilidad en los precios del crudo ha generado desafíos adicionales, dificultando la planificación financiera del gobierno y reduciendo su capacidad para mantener programas sociales y de infraestructura esenciales. Dicha volatilidad se encuentra en gran medida vinculada al conflicto palestino-israelí. Ante las noticias de posibles ataques iraníes e israelíes, el precio del crudo subió y se desplomó, respectivamente. No obstante, pese a los desafíos, en el 2024 Irak se encontró cerca de alcanzar un máximo histórico en lo que refiere a la exportación de crudo, encontrándose por encima de los 18 millones.

A pesar de anuncios previos sobre la necesidad de diversificar la economía, los avances en otros sectores han sido escasos. Las iniciativas en agricultura, turismo y tecnología han mostrado poco progreso debido a la falta de inversión y a un clima político inestable. Los proyectos de energías renovables, como parques solares y eólicos, han avanzado lentamente, obstaculizados por la corrupción y la burocracia. Esta falta de diversificación ha limitado las oportunidades económicas para la población, agravando la crisis social.

La difícil situación económica ha alimentado un descontento social visible en las calles. Durante 2024, múltiples ciudades han sido epicentros de manifestaciones donde la población exigía mejores condiciones de vida, empleo y medidas concretas contra la corrupción. Estas protestas reflejan no sólo la frustración por la crisis económica, sino también la percepción de que los beneficios del crecimiento no llegan a la mayoría de los ciudadanos. La corrupción -uno de los mayores obstáculos- sigue drenando los recursos destinados a proyectos de reconstrucción y desarrollo, erosionando la confianza pública y dificultando la atracción de inversores.

En conclusión, lo acontecido durante el presente año denota que los desafíos a los que se enfrentó Irak continúan siendo los mismos y están lejos de ser superados. Existe una gran continuidad en torno a las problemáticas securitarias, económicas, sociales y políticas que data de dos décadas. La seguridad sigue siendo uno de los problemas más urgentes, con la persistente amenaza de células del Estado Islámico en áreas rurales, a pesar de su derrota territorial en 2017. Aunque las tropas internacionales lideradas por EEUU siguen apoyando las operaciones antiterroristas, la presencia extranjera sigue siendo un tema divisivo, y el gobierno iraquí negocia su retirada completa para 2026. Este proceso de transición plantea dudas sobre la capacidad de Irak para gestionar su seguridad de forma autónoma, un problema que ya se presentó cuando las tropas se retiraron en 2011, sólo para regresar en 2014 ante el avance del grupo yihadista.

En el ámbito geopolítico, el conflicto entre Israel y Palestina no ha hecho más que reforzar dichas problemáticas del país y profundizar su vulnerabilidad. En este sentido, Irak se ha vuelto aún más vulnerable a injerencias extranjeras, de actores de diverso cáliz. Sus fuerzas armadas no están preparadas para repeler ataques externos o incursiones internas. La dependencia del crudo en la economía iraquí se volvió más acuciante, dada la volatilidad en los precios que generó la guerra. En la misma línea, ésta avivó los conflictos sectarios siempre latentes en la heterogénea sociedad etno- sectaria iraquí. Las divisiones internas siguen siendo un obstáculo crucial para la cohesión social. El sectarismo, especialmente entre facciones chiitas, ha generado tensiones políticas y sociales, y las luchas por el poder entre diferentes grupos etno-sectarios continúan desestabilizando al país. Las elecciones parlamentarias de 2024, que buscaban definir al nuevo presidente del parlamento, avivaron la violencia entre los diversos grupos que competían por aumentar su cuota de poder, demostrando que las disputas sectarias siguen siendo una fuente de inestabilidad.

Económicamente, Irak sigue atrapado en su dependencia del petróleo, que representa casi el 90% de sus ingresos gubernamentales. Esto lo deja vulnerable a las fluctuaciones del mercado global, como lo evidencian los vaivenes de los precios del crudo en 2024 debido al conflicto palestino-israelí. A pesar de alcanzar un máximo histórico en las exportaciones de petróleo, los avances en la diversificación económica han sido mínimos, y sectores claves como la agricultura, el turismo y las energías renovables han mostrado poco progreso debido a la falta de inversión y a la corrupción endémica. Esta falta de diversificación ha profundizado la crisis social, alimentando el descontento popular, que se ha manifestado en numerosas protestas. La corrupción y la burocracia siguen siendo los principales obstáculos para el desarrollo del país, drenando los recursos destinados a la reconstrucción y el progreso. Esto ha erosionado la confianza pública y ha dificultado la atracción de inversiones extranjeras, exacerbando las dificultades económicas y sociales. En otras palabras, Irak en 2025 enfrenta un futuro incierto, marcado por una combinación de inseguridad persistente, divisiones internas y una economía aún dependiente del petróleo. A menos que se logren reformas significativas en estos ámbitos, el país continuará lidiando con una estabilidad limitada y un desarrollo económico restringido.

Fuentes

auis.edu.krd aljazeera.com dw.com

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