La guerra librada entre Israel y Hamás desde el pasado 7 de octubre no pasó desapercibida ante los ojos de Irán. De hecho, una semana luego de iniciados los ataques de la organización palestina, la República Islámica advirtió que los miembros del denominado Eje de la Resistencia están listos para
intervenir directamente en el conflicto si continúan las agresiones israelíes en Gaza.
Este Eje está formado por actores (estatales y no estatales) aliados a Teherán en el Medio Oriente y enfrentados directamente a Estados Unidos e Israel. Más específicamente, está compuesto por Siria, Afganistán, Pakistán, Hezbolá, las milicias chiitas de Irak, los Hutíes de Yemen y grupos
militantes en territorios palestinos (como Hamás).
El ministro de Relaciones Exteriores persa, Hosein Amir Abdolahian, declaró durante una rueda de prensa en Beirut que “los líderes de la resistencia en la región están extremadamente unidos, contemplan todos los escenarios, están preparados y tienen los dedos en el gatillo listos para disparar”. A su vez, el domingo 14 de octubre afirmó a Al Jazeera que “es muy probable que se abran
muchos otros frentes. Esta opción no está descartada y es cada vez más probable”.
Para comprender el posicionamiento de Irán en el conflicto, es preciso tener en cuenta dos factores: por un lado, la República islámica no sólo apoya a Hamás (como lo hace con otras organizaciones paramilitares), sino que lo considera como un interlocutor válido en representación del pueblo palestino. Por el otro, debemos considerar que esta red de alianza es la piedra angular sobre la cual se construye la estrategia militar de las Fuerzas Quds de la Guardia Revolucionaria de Irán en la región. El arquitecto de esta política regional fue Qasem Soleimani, quien fue neutralizado por
Estados Unidos en enero del 2020 por medio de un ataque con dron en Bagdad.