Irán ha sido uno de los primeros países en ser afectado por el Coronavirus y uno de los que más sufrió bajo la pandemia. Varios han sido los factores que contribuyeron a esta situación, pero no se puede pasar por alto tres de ellos. Ciertamente ha pesado una población con secuelas de las armas químicas utilizadas por Saddam Hussein durante la Guerra Irán-Irak en los ’80, una economía en crisis con cerca de un tercio de la población en el sector informal y un acceso a insumos médicos restringido por Estados Unidos como parte de la denominada política de máxima presión, tal como reportó Human Rights Watch.
Muchas y de diversa naturaleza han sido las medidas para mitigar la pandemia, pero la búsqueda de vacunas para inmunizar a sus cerca de 80 millones de habitantes ha sido una prioridad.
A inicios de febrero, Irán recibió el primer lote de la vacuna rusa contra el COVID-19 Sputnik V y había planes de que ésta sea producida en Irán para abril del corriente año. Un mes más tarde, a principios de marzo, Irán recibió 100 mil dosis de la vacuna cubana Soberana 02 como parte de los ensayos de fase 3. A su vez, ambos países –Cuba e Irán– están trabajando en el desarrollo conjunto de otra vacuna que se espera esté lista en abril, de acuerdo a la agencia Fars News.
A mediados de marzo, Teherán informó que había iniciado la fase 1 de ensayos clínicos para su vacuna Fakhra, que recibe su nombre en honor al científico nuclear Mohsen Fakhrizadeh, quien se sospecha que fue asesinado en una operación israelí. 4 En paralelo, Irán se encuentra realizando los ensayos de fase 3 de otra vacuna doméstica, COVIran Barekat, que utiliza una plataforma de virus inactivado y posee una eficacia cercana al 90% de acuerdo a los resultados de la fase 1.