El pasado martes 17 de septiembre, Israel llevó a cabo un ataque cibernético en el Líbano, en una aparente operación dirigida contra miembros de Hezbollah. Mediante la geolocalización de celulares, cientos de dispositivos “buscapersonas”, utilizados por el grupo chií libanés, detonaron casi simultáneamente. Tras el suceso, se reportaron al menos 12 muertos y casi 3.000 heridos, entre
ellos el embajador iraní en el Líbano, Mojtaba Amani.
Al día siguiente del ataque, las autoridades persas enviaron un equipo médico a Beirut para atender a las víctimas de la explosión. Según la agencia iraní de noticias Mehr, el personal contaba con 12
médicos y 12 enfermeros y paramédicos de la Media Luna Roja de Irán.
La República Islámica calificó este acto como “terrorista”. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Naser Kanani, recalcó que el mismo “va en contra de todos los principios morales y humanos y del Derecho Internacional”. Asimismo, señaló que los responsables deberían ser
juzgados ante tribunales internacionales.
Según Kanani, Israel está cometiendo crímenes de guerra y genocidio contra la población palestina; además, luego de este hecho, “ha puesto la paz y la seguridad regional e internacional en grave peligro”. Por ello, en un comunicado publicado por el Ministerio de Exteriores, llama a la comunidad internacional a actuar rápidamente para “combatir la impunidad de los funcionarios criminales
sionistas”.
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