El presidente iraquí, Barham Salí, participó de la Asamblea General de Naciones Unidas el pasado 23 de septiembre del corriente año, donde en su discurso de 18 minutos explicitó la necesidad de respetar la soberanía de las naciones y fortalecer la lucha contra el terrorismo y la corrupción.
Sin embargo, Salí declaró que la injerencia en los asuntos internos ofrece un terreno fértil para el terrorismo. Irak en los últimos 40 años, en palabras de su presidente, sufrió de "guerras, embargos, tiranía, campañas genocidas y el dominio del terrorismo sobre sus ciudades". Ahora, trabaja en la reconstrucción de ciudades, sobre todo aquellas que estuvieron afectadas tras el combate contra Estado Islámico.
Simultáneamente, también reconoció que aún hoy siguen existiendo células terroristas en el país, sobre todo en las zonas desérticas, no descartando la posibilidad de una reorganización de las organizaciones yihadistas. Por ello, llamó a la Comunidad Internacional a la cooperación y a la solidaridad, ya que “es la única salida”. El primer mandatario expresó que únicamente de manera conjunta se podrá llevar adelante la ayuda humanitaria y la reconstrucción de infraestructuras para que los iraquíes vuelvan a tener una vida normal y digna.
No obstante, también comentó cuáles son los avances respecto al tópico en cuestión, sobre todo en relación a la comunidad yazidí. Tras el genocidio efectuado por el Estado Islámico hace ya 7 años, el primer mandatario iraquí dio luz verde para ayudar a aquellos que sobrevivieron a las atrocidades.