El pasado 11 de octubre se consumó un acuerdo entre el estado hebreo y su vecino del norte, el Líbano. El propósito de dicho acuerdo fue la delimitación de la frontera marítima entre ambas naciones. Cabe recordar que estos dos países no tienen establecidas relaciones diplomáticas, y técnicamente siguen en guerra dado que nunca se firmó un acuerdo de paz, por tal motivo se necesitó de un interlocutor entre ambos. Este último fue Amos Hochstein, el Asesor Principal para la Seguridad Energética de Estados Unidos, y estuvo bajo auspicios de Naciones Unidas (ONU).
Las conversaciones para llegar a un acuerdo comenzaron en octubre de 2020 y buscaban poner fin a una larga disputa sobre unos 860km cuadrados del mar Mediterráneo, que ocupan dos grandes yacimientos de gas, el de Karish y el de Qana. Israel pasaría a explotar el primero, mientras Líbano el segundo, mientras que la frontera estaría delimitada por la llamada Línea 23.
Yair Lapid, primer ministro israelí, declaró: “Este es un logro histórico que fortalecerá la seguridad de Israel, inyectará miles de millones en la economía israelí y garantizará la estabilidad de nuestra frontera norte”. Aoun, presidente libanés, considero “satisfactorio” el borrador final, ya que “preserva los derechos del Líbano a su riqueza natural”. El secretario general de la ONU, António Gutérres, celebró el acuerdo y afirmó que esto puede promover una mayor estabilidad en la región y una mayor prosperidad para los pueblos, además de destacar la mediación de los EE.UU. en este proceso.
Según analistas, el acuerdo fue tan bien recibido por Hezbolá dado su poca capacidad de acción culpa de la profunda crisis que vive Líbano, y se descarta un contacto directo entre representantes
del Líbano e Israel, solo con intermediarios de por medio.
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