Desde el anuncio del 11 de agosto del Banco Central del Líbano sobre el hecho de que no podrían financiar más importaciones de combustibles, la crisis no hizo más que ahondarse. La escasez rápidamente se intensificó, y el mal estar social también. Debido a la escasez, aparecieron mercados negros de venta de combustibles, con precios muchos más altos que los oficiales, y con grandes riesgos en su venta. El 15 de agosto sin ir más lejos, un camión explotó mientras personas peleaban por su combustible, causando 28 muertes.
El Banco financiaba el combustible desde el inicio de la crisis financiera, en 2019. Sin embargo, el agotamiento de las reservas llevó a la imposibilidad de seguir con esta acción, y a la necesidad de reducir los subsidios. Luego de casi dos semanas de empeorar la situación, se dio una reunión de emergencia entre funcionarios del gobierno y el Banco Central. La decisión finalmente fue la de aumentar el precio del combustible, debido a la búsqueda tanto de reducir el subsidio como de frenar la escasez.
Al mismo tiempo, actores internos y externos hicieron declaraciones al respecto. Hezbollah anunció que llegarían buques iraníes con Diesel para hacer frente al problema de la faltante mientras Líbano lo necesite. Al día siguiente de tal anuncio, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán dijo que estaban listos para enviar nuevamente combustible, además de que afirmó que no podían ver el sufrimiento del pueblo libanés. Los opositores expresaron su temor por posibles consecuencias estadounidenses por las negociaciones con los iraníes, y a su vez por ser utilizada 7 esta movida por parte de Hezbollah como forma de seguir acrecentando su poder y fragmentando al país.