Los embates de la administración norteamericana hacia Irán no han cesado desde que asumiera Donald Trump la presidencia. Al abandono del Plan Integral de Acción Conjunta y la reimposición de sanciones, se ha sumado la semana pasada la designación del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica como una organización terrorista.
El Secretario de Estado norteamericano declaró el año pasado su estrategia de ejercer “máxima presión” al gobierno iraní, para forzarlos a renegociar el acuerdo. Hasta el momento, Irán ha logrado resistir a las numerosas sanciones económicas, pero todos se preguntan cuánto tiempo más podrá resistir una economía que depende en un 65% del petróleo y que se ve cada vez más imposibilitada de colocar sus barriles en el mercado internacional.
Irán, ha optado, por una parte, por mostrarse fuerte hacia el exterior, apoyando el accionar de los Guardianes de la Revolución y desplegando su capacidad militar, con el objetivo de disuadir ante un eventual ataque. Es así como el presidente Hasan Rohaní declaró el pasado jueves en un discurso durante un desfile militar: “No hay duda de que hoy, nuestras Fuerzas Armadas son más poderosas que nunca”. 6
Por otra parte, busca evitar un desborde de la situación al interior del país. Uno de los factores que han contribuido a evitar mayores conflictos producto de la crisis económica, ha sido la descompresión de las restricciones sociales, así como también ciertos subsidios destinados a palear la situación de las clases más bajas. El régimen parece entender que para asegurar su supervivencia en medio de una crisis económica, debe decidir pragmáticamente qué batallas pelear.
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https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/article229406524.html