El pasado lunes 2 de noviembre, ocurrió una fuerte explosión de bomba en un mercado situado en la ciudad de Ras al Ain, provincia de Hasaka, dejando varios heridos. A este episodio se le suma el hecho de que el miércoles se registraron nuevos ataques con proyectiles en la provincia rebelde de Idlib; evidenciando una nueva escalada de violencia en la República Árabe Siria.
La bombardeada ciudad de Ras al Ain, se encuentra ubicada en la provincia de Hasaka, y forma una ciudad dividida con la turca de Ceylanpinar, situada al otro lado de la frontera; al tiempo que está controlada tanto por el ejército turco como por rebeldes sirios. La explosión en el mercado, que dejó un muerto y varios civiles heridos, y otros episodios violentos anteriores se dieron en un contexto de enfrentamientos entre varios grupos armados sirios y turcos por diferencias internas debido a un proceso de incautación de viviendas y del reparto de los ingresos por el contrabando en la zona.
Por otro lado, el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos ha informado que los ataques con proyectiles en la provincia de Idlib fueron ejecutados por el Ejército de Siria y se cobraron la vida de siete civiles. El gobierno de Bashar Al Assad, amparado por Rusia, ha planteado que dicha ofensiva es parte de la lucha contra el terrorismo en el país. No obstante, maestros, personal médico y miembros de los equipos de rescate coinciden en que los bombardeos apuntaban
3 directo a la vida humana dado que no hubo avisos previos a la población para que evacuara las áreas atacadas.
Lo cierto es que quienes continúan siendo víctimas de estos ataques en distintos puntos de Siria son los civiles que ya han sufrido nueve años de una cruenta guerra civil y la situación no parece mejorar para ellos.