IREMAI· GEMO
REPORTE
FRAME 01/14 · 20 de marzo de 2026

Guerra y disrupción económica: el sistema internacional orbita alrededor de Ormuz

Tras la Guerra de los 12 días, desatada en junio del 2025 por parte de Estados Unidos (EEUU) e Israel contra Irán, y que terminó con el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes, durante los meses siguientes la estabilidad en Medio Oriente se asentó sob

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20 de marzo de 2026 8 min Medio Oriente 1.690 palabras
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Tras la Guerra de los 12 días, desatada en junio del 2025 por parte de Estados Unidos (EEUU) e Israel contra Irán, y que terminó con el bombardeo de las instalaciones nucleares iraníes, durante los meses siguientes la estabilidad en Medio Oriente se asentó sobre bases cada vez más precarias. Los factores de disputa irresueltos, la relativa debilidad de Irán y la consideración por parte de Tel Aviv y Washington que se encontraban ante una ventana de oportunidad llevaron a la búsqueda de forzar un cambio de régimen en la República Islámica. Finalmente, en medio de negociaciones diplomáticas sobre la cuestión nuclear entre EEUU e Irán, intermediadas por Omán, el 28 de febrero el presidente Trump, junto a su par israelí Netanyahu, iniciaron una nueva campaña conjunta que comenzó con el asesinato del Ayatolá Alí Jamenei. Inmediatamente la respuesta iraní consistió en escalar militarmente hacia un escenario distinto del enfrentamiento anterior. Si en junio pasado los drones y misiles iraníes se enfocaron en el territorio israelí, la guerra actual es regional, abarcando a los países árabes del Golfo y todos aquellos que alberguen bases estadounidenses y otorguen colaboración militar. Tras el primer impacto de los enfrentamientos, la decisión de cerrar el estrecho de Ormuz y desatar un caos geopolítico fue reafirmada por el nuevo Ayatolá y líder religioso de Irán, Mojtabá Jamenei.

A diferencia de la Guerra de los 12 días, esta vez el estrecho de Ormuz fue bloqueado efectivamente por Irán, a través de bombardeo a instalaciones y buques petroleros, detenciones y la propia disrupción logística que representa el cierre de uno de los espacios geopolíticos más importantes del mundo. Siendo un canal de aproximadamente 34 km de ancho, esta extensión marítima conecta –y separa– el Golfo Pérsico con el mar Arábigo. Por él, pasa alrededor del 20% del petróleo crudo mundial, el 8% del aluminio y commodities y bienes estratégicos como urea –fertilizantes–, sulfuro, metales críticos y otros bienes primarios. Además, dada la naturaleza interdependiente de las cadenas globales de suministro y del sistema económico y financiero internacional, las disrupciones en las operaciones de los puertos del Golfo y de dos de los aeropuertos más transitados del mundo –el de Dubái y el de Abu Dabi– impactaron inmediatamente en el sistema del transporte internacional, en tanto los costos financieros, los seguros de carga y los precios internacionales de los bienes se duplicaron en pocos días. Tras la tercera semana de guerra, el precio del Brent había aumentado más de un 40%, situándose entre 100 y 110 USD/bbl.

El cierre del paso por Ormuz impactó a la mayor parte de los países que importan bienes provenientes del Golfo, e indirectamente al resto del mundo debido al incremento de los precios globales. Frente a un escenario de seguridad que se degradaba aceleradamente, las reacciones internacionales fueron dispares. Un conjunto pequeño de aliados cercanos de EEUU e Israel apoyaron sin ambigüedad los ataques, como Argentina, Paraguay, Ucrania, Canadá, Alemania, Polonia y Australia; sin embargo, los miembros de la OTAN restantes, junto con los países africanos y de Asia Central y Meridional –con la excepción de China, Pakistán y Afganistán–, se dividieron entre manifestar su condena contra los ataques de Irán en la región y, minoritariamente, condenar la ofensiva estadounidense, como el caso de España e Italia.

La posición diplomática y política de China y Rusia, los principales aliados –y sostenes– de Irán tras años de sanciones y aislamiento internacional, se mantuvo en condena de los hechos y defensa de la soberanía iraní. La ayuda material hacia Teherán se centró en la provisión de ayuda humanitaria, así como inteligencia militar para determinados objetivos en la región. Sin embargo, los intereses y necesidades estratégicas y coyunturales de ambas potencias se reflejan en posturas ambiguas y prudentes en torno al conflicto. La búsqueda que China llevó a cabo durante los años recientes en Medio Oriente, centrada en incrementar su influencia económica, comercial y diplomática implicó la inversión millones de dólares en convertir su vínculo con Irán en el pilar estructural de su acercamiento a la región de Medio Oriente. La ofensiva de los EEUU e Israel, cuyo objetivo declarado es un cambio de régimen en el país persa, significa una amenaza directa al armado estratégico chino. Hasta ahora, China representa el 90% de las exportaciones iraníes de petróleo crudo. Mientras consigue suministro a precios inferiores al mercado, le permite a Irán evadir las sanciones estadounidenses y financiar así su propia economía. En 2021, ambos países firmaron el acuerdo de Asociación Estratégica Integral que incluyó compromisos de inversión chinos en Irán por USD 400 mil millones para los siguientes 25 años. Además del energético, otros sectores destacan en la relación bilateral; compañías chinas como Huawei y ZTE han provisto a Teherán de tecnología de vigilancia digital, IA, infraestructura y servicios de telecomunicaciones, y provisión de insumos químicos para la industria militar iraní.

Una prolongación de la guerra en el golfo Pérsico representa amenazas directas, pero también oportunidades estratégicas para China. Dada la magnitud de su compromiso en Irán y la fuerte dependencia iraní de Beijing, cualquier desenlace de la guerra en curso que implique un cambio de régimen, una disrupción de mediano a largo plazo de las cadenas de suministros importados por China desde el Golfo, o bien un incremento sostenido del precio de commodities estratégicos, principalmente el petróleo, amenazan aspectos económicos centrales para China y la disputa económico-comercial global con los EEUU. Además, una crisis económica global induciría una reducción de la demanda de los mercados internacionales de productos de exportación chinos. Por otro lado, una escalada regional como la que transita la guerra podría derivar también en un involucramiento militar extendido por parte de Washington, en una región cada vez más convulsa de la que siempre se está retirando. Desde la perspectiva china, el foco de la Casa Blanca fijo en Medio Oriente aleja recursos militares del Asia Pacífico.

La situación de Rusia es significativamente distinta. A pesar de haber firmado en enero del 2025 un acuerdo de Asociación Estratégica con Irán, la reacción frente a los ataques estadounidenses e israelíes ha sido prudente y escueta, demostrando, al igual que durante junio del 2025 que salvo en el terreno diplomático, en la cooperación en inteligencia y ayuda humanitaria, se abstendría de acciones directas. Atravesando el cuarto año de la guerra en Ucrania, el empantanamiento en el frente del Donbass bloqueó capacidades de Rusia para proteger sus intereses en otros escenarios. Desde su inicio en 2022, el Kremlin ha perdido la influencia en la región del Medio Oriente que había procurado construir a raíz de su intervención militar en Siria durante el 2016.

Para Rusia, el bloqueo del estrecho de Ormuz y un incremento abrupto del precio internacional del petróleo representa ganancias de corto plazo, pero la guerra contra Irán implica un grave riesgo estratégico en el mediano y largo plazo. Hasta el momento, Rusia busca beneficiarse de la situación caótica de la economía global, apoyándose en su principal pilar económico que es la exportación de gas y petróleo, frente a las necesidades de oxigenar una economía sometida a sanciones internacionales y pérdida de mercados, y estresada por los gastos militares. El salto del precio del barril y la reducción de la oferta global de petróleo retenida en el golfo Pérsico, llevó a incrementar el volumen de exportación hacia Turquía, China e India, grandes importadores del suministro afectado. Según la agencia S&P Global, los envíos rusos a estos países escalaron a 21,7 MMbbl (millones de barriles) sólo durante la primera semana de marzo. Japón también consideró dirigir su demanda hacia el crudo ruso, por razones de seguridad económica, según declaró el ministro de Economía Ryosei Akasawa el 15 de marzo pasado. En 2025, el 93% de las importaciones japonesas de petróleo atravesaron el estrecho de Ormuz. Desde lo militar, para el Kremlin también representa una oportunidad de aprovechar ventajas en el terreno si un conflicto prolongado en Medio Oriente lleve a debilitar el apoyo occidental a Ucrania, en tanto el foco se mantenga puesto en Irán.

No obstante, los dilemas emergen en el mediano y largo plazo, en tanto posibles escenarios resultantes de una guerra cargada de incertidumbre pueden reconfigurar la región en beneficio de los intereses estadounidenses, enfocados en la competencia global con China y la alianza sino-rusa. Tanto un escenario de cambio de régimen, como uno de debilitamiento de las capacidades militares y económicas iraníes, forzarían a ambas potencias a redefinir sus proyectos geopolíticos y las relaciones con la región. A la vez, la abstención de China y Rusia en la guerra en Irán podría derivar en el descrédito de instrumentos del Sur Global como BRICS –Irán es miembro pleno desde enero del 2024– y la Organización de Cooperación de Shanghái –desde 2023–.

En este sentido India, miembro fundador de BRICS, ha sostenido posturas de acercamiento diplomático y neutralidad respecto de la guerra y de preservación de sus propios intereses económicos. Por un lado, el 19 de marzo los cancilleres de Irán e India, Abbas Araghchi y Subrahmanyam Jaishankar respectivamente, demandaron un mayor rol del grupo en la estabilidad y seguridad en Medio Oriente en una comunicación bilateral. Por otro lado, reflejando una sintonía cercana con Israel en los días previos a la guerra, así como con países como EAU y Kuwait, el presidente Narendra Mori mantuvo llamadas con sus pares árabes el 17 de marzo y afirmó la condena a la violación a la soberanía debido a los ataques iraníes y la necesidad de liberar las vías de navegación a través del estrecho de Ormuz. El Golfo constituye un exportador clave de energía para India; el 50% de sus importaciones de petróleo crudo y el 93% de gas licuado proviene de la región. La disrupción logística y el aumento de los costos de flete, transporte y seguros incidieron también en los precios de alimentos, té y aceites vegetales comestibles importados por India, como el aceite de girasol, lo que puede afectar el consumo de millones de habitantes.

Al redirigir la guerra hacia la economía y comercio global, Irán procuró asegurarse el interés del sistema internacional en su conjunto, en una etapa que el país persa percibe como una verdadera amenaza existencial.

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