Las muertes de Ismail Haniyeh -jefe del ala política de la organización militar palestina Hamás- y de Fuad Shukr -jefe del ala militar de Hezbollah- a fines de julio, pueden llegar a provocar una escalada militar en la región como consecuencia de las posibles represalias por parte de Irán y Hezbollah. Si bien el gobierno israelí no se pronunció como el responsable de la muerte de Haniyeh, movilizó sus tropas frente a la eventual respuesta iraní. Producto de esta situación, el Secretario de Estado de Estados Unidos (EEUU), Anthony Blinken, busca llegar a un acuerdo de cese al fuego en Gaza para disuadir el inminente ataque iraní y de sus aliados.
Los gobiernos de EEUU, Reino Unido, Francia y Alemania urgieron a Irán y sus aliados de abstenerse de llevar adelante ataques que provocarían una escalada de tensiones en Medio Oriente. Incluso el primer ministro británico, Keir Starmer, se comunicó por vía telefónica con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, instándolo a reconsiderar sus represalias. Sin embargo, de acuerdo con la Agencia de Noticias IRNA, el jefe de gobierno de Irán desestimó tales intentos al alegar que es el derecho de Irán de defender su soberanía y seguridad nacionales.
En contraposición a la postura occidental, el ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular China, Wang Yi, se pronunció a favor de una posible respuesta iraní, bajo el argumento de que Israel violó su soberanía territorial.
El accionar de las potencias occidentales busca impedir una posible escalada de tensiones y el estallido de un nuevo conflicto en la región. El mismo ya no se limitaría a Israel y Hamás, sino que incluiría a potencias regionales como es el caso de Irán e incluso a grupos armados como Hezbollah.