La Copa del Mundo 2026 pasará a la historia no solo por sus 48 selecciones, sino por dar visibilidad a las tradiciones del islam. En el centro está Arabia Saudí, cuya participación obligó a la FIFA a adaptar sus rígidos protocolos logísticos ante demandas religiosas.
El debut de los "Halcones Verdes" ante Uruguay (1-1) dejó una imagen muy comentada. Bajo el reglamento estándar, las banderas se extienden horizontalmente sobre el césped durante los himnos. Con Arabia Saudí el procedimiento cambió: los voluntarios mantuvieron el estandarte suspendido en el aire.
La razón de este cambio histórico es sagrada: la bandera saudí lleva inscrita la Shahada, la declaración de fe islámica que reza: "No hay más Dios que Alá y Mahoma es su mensajero". Según los preceptos islámicos, cualquier texto con el nombre de Dios debe ser tratado con respeto, considerándose una falta grave colocarlo en superficies propensas a ser pisadas. La FIFA atendió la petición, provocando elogios en redes por su flexibilidad cultural.
El gesto sentó un precedente que generó fricciones. La Federación Iraquí solicitó el mismo trato antes de su debut ante Noruega, ya que su bandera contiene la frase "Allahu Akbar" (Dios es grande). Sin embargo, la FIFA rechazó la petición argumentando que la presión de los portadores sobre el césped mojado de Miami dañó la superficie, decidiendo congelar el protocolo para evitar más daños.
La influencia de la fe va más allá de este hecho. Con la ampliación del torneo, el Mundial registra un récord de 13 naciones de mayoría musulmana compitiendo. La interacción entre las normas de la FIFA y las profundas convicciones religiosas demuestra que el fútbol moderno ya no se puede jugar de espaldas a la identidad cultural de sus protagonistas.
LIC. MARÍA MORENA SAIONE