El Primer Ministro Al-Kadhimi se ha visto envuelto desde su elección en una batalla para reprimir los sucesivos ataques contra las fuerzas e instalaciones occidentales en el seno del país. En los últimos meses, Irak ha sido testigo de frecuentes ataques de mortero contra las bases militares iraquíes que albergan a tropas americanas, e inclusive contra la propia embajada estadounidense en la Zona Verde de Bagdad. Docenas de cohetes y explosivos improvisados han apuntado a estos sitios, y los funcionarios estadounidenses e iraquíes culpan a las facciones y milicias respaldadas por Teherán.
La semana pasada, la administración Trump ha reiterado al gobierno iraquí su voluntad de retirar su embajada de Bagdad si los ataques en contra el personal estadounidense en el país no disminuyen, apuntando nuevamente a las milicias pro-iraníes por tales sucesos. El ultimátum fue manifestado por vía telefónica por parte del secretario de Estado, Mike Pompeo, al presidente Barham Salih y al primer ministro Mustafa al-Kadhimi.
La amenaza de cerrar la embajada norteamericana ha conmocionado a los funcionarios iraquíes, especialmente después de una serie de sucesos que indicaban una mejoría en la relación entre ambos países.
En este marco, Irak anunció el pasado martes su compromiso para proteger al personal
perteneciente a las misiones diplomáticas extranjeras en el país. El ministro de relaciones exteriores iraquí, Fuad Hussein, indicó que se han adoptado "una serie de medidas de seguridad, políticas y diplomáticas para detener los ataques a la Zona Verde y al aeropuerto de Bagdad", y prometió "resultados positivos tangibles en el futuro cercano".